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Naturaleza y Vida

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Naturaleza y Vida:

Reseña sobre «Humanos contra naturaleza: 

Una revisión marxista del antiespecismo» de José Covelo Guerra

Humanos contra naturaleza es uno de esos libros que parte de un compromiso que va más allá de lo estrictamente académico. Se trata de un intento de repensar, reordenar y aportar nuevas perspectivas en torno a un asunto tan acuciante hoy en día como es el de la liberación animal. La importancia radica no únicamente en cuestiones teóricas sino prácticas. Es por ello que el enfoque y los asuntos que nos propone Covelo Guerra no solo se centran en cuestiones que tienen que ver con la ética teórica, sino también con la ética aplicada, la bioética, la filosofía general, así como un abordaje interdisciplinar que hacen de esta obra un material de interés, tanto para neófitos como para otros más avanzados que puedan encontrar con este libro un texto de consulta y de interés.

De este modo, Covelo Guerra realiza una investigación en la que expone las diferentes tesis que se enmarcan en el «antropocentrismo moral o metafísico». Su objetivo es realizar una reflexión crítica respecto a la lucha por la liberación animal añadiendo en su análisis una perspectiva marxista y centrándose en la crítica que Marco Maurizi realiza al «antiespecismo metafísico». El trasfondo es poder realizar ciertas aportaciones que nos conduzcan a una reconciliación con la naturaleza eliminando la explotación de todos los animales con independencia de la especie a la que pertenezcan.

La lucha por la liberación animal emergió en los años setenta del siglo XX y hasta entonces han ido apareciendo una gran cantidad de autores que han realizado diferentes contribuciones al respecto. Uno de ellos es Peter Singer que entiende que la mera pertenencia a nuestra especie biológica no debe de ser un criterio moralmente relevante para la obtención de derechos, dado que existen otras especies que reúnen en gran medida dichos criterios, y sin embargo, no disponen de los mismos derechos. Esto tiene que ver con la distinción entre si debemos de basarnos en criterios que operen en términos de individuo o de especie en lo que respecta a la dotación de derechos morales. Surge aquí una problemática que tiene que ver con que, si dotamos de derechos morales a todos los individuos de una especie por el mero hecho de pertenecer a la misma, estaríamos otorgándole de beneficios morales a individuos que por el motivo que fuere no reúnen los requisitos suficientes. Por el contrario, si nos centramos en el individuo, estaríamos poniendo atención a los rasgos que muestra un ser en concreto y no el de la especie a la que pertenece, conllevando esta posición ciertas dificultades, además de hacer superfluo el propio concepto de especie.

En este sentido, el autor plantea dos cuestiones:

¿Se puede realizar una división animal entre aquellas especies animales con un sistema nervioso y por tanto capacidad de tener sentimientos para atribuirle cierto estatus moral y aquellas que no la tienen? ¿Tienen por tanto el mismo valor moral seres tan semejantes al humano como los primates que otros como las lombrices?[1]

Según Adela Cortina, es necesario limitar el concepto de derechos en exclusividad a los seres humanos. Así, desde un biocentrismo moral se propone que todo ser vivo merece respeto moral, sin embargo, los animales más evolucionados tendrían más respeto moral ya que disponen de una mayor capacidad de sentir y sufrir, mientras que, desde el clásico antropocentrismo moral, tal y como señala Cortina, son los seres humanos los únicos merecedores de tales derechos. Por ello es necesario armonizar las diferentes visiones situándonos en un punto conciliador entre un biocentrismo moral débil y un antropocentrismo moral débil. José Covelo se apoya en Jorge Riechmann para señalar que todos los seres vivos son dignos de consideración moral en virtud de sus capacidades esenciales y necesidades básicas. Así, el principio de no maleficencia y el de beneficencia son dos elementos a tener en cuenta en lo que respecta al trato moral de un ser vivo, ya que es además la bioética la disciplina que nos ayudará a acercarnos en la medida de lo posible a ese equilibrio que nos brindará una concepción adecuada en lo que respecta a las relaciones futuras de la humanidad consigo misma, con el resto de seres vivos y con su entorno.

La naturaleza y los animales no humanos se han considerado tradicionalmente como algo inanimado, en el primer caso, y mecanicista en el segundo. Un medio para alcanzar un fin externo a sí mismo como un modo de supeditación a lo humano. Es por ello que la tesis antropocéntrica tradicional se basa en una concepción dualista que divide a los seres entre humanos y no humanos. Encontramos aquí a la metafísica cartesiana en la que los animales no tienen inteligencia ni capacidad de sentir, no pudiendo ser por ello considerados como nuestros semejantes, sino que los animales no son más que autómatas sin alma ni conciencia. Con la filosofía kantiana seguimos encontrando que es la racionalidad del humano la característica por la cual el hombre se diferencia radicalmente del resto de animales. Es por ello que el hombre, a diferencia del resto de animales, tiene un fin único gracias a la capacidad de actuar autónomamente según la ley que nos damos a nosotros mismos. Es por ello que actuar libremente y actuar moralmente según el imperativo categórico kantiano son lo mismo, ya que, el hombre es el autor de la ley cuyo deber le es propio respetar. La dignidad, por tanto, no consiste en estar sujeto a la ley moral sino en ser autor de la misma, la cual es elegida por medio del ejercicio de la razón práctica.

Por consiguiente, Covelo Guerra plantea: «¿podemos atribuirle algún tipo de dignidad intrínseca a los animales de forma que se justifique moralmente que no los tratemos como meros medios u objetos?».[2] Ya Darwin atribuyó, aunque de manera limitada, inteligencia a los animales no humanos. Así, la ortodoxia moral rehúye de los avances que tanto la etología como la filosofía moral han realizado en las últimas décadas al respecto, tales como experimentos donde parece que las ratas pueden arrepentirse de ciertas decisiones, que los pulpos reconocen las caras humanas, o textos donde autores como Alsadair MacIntyre atribuyen razón práctica a los delfines, demostrando cierta semejanzas y rasgos comunes con los animales humanos. Por ello, parece que el autor sostiene que no solo existen suficientes datos bibliográficos y argumentos para justificar el valor intrínseco de los animales no humanos, sino además la consideración de igualdad entre especies. Sin embargo, desde un punto de vista marxista, la consideración humana de emancipación que permitirá producir un avance hacia la transformación en nuestra relación con la naturaleza tiene que ver con la superación del sistema capitalista.

De este modo:

La ontología materialista considera que la naturaleza, el mundo material y la producción de los medios de subsistencia son las condiciones previas y necesarias de la existencia humana.[3]

La acumulación de beneficios es la seña de identidad del sistema capitalista donde el valor de uso es el afán absoluto de enriquecimiento de la burguesía. Por consiguiente, el marxismo interpreta que el motor de la historia es la lucha de clases que son el origen de la dominación y el sufrimiento socialmente producidos. La aportación del marxismo a la liberación animal y a la emancipación humana tiene que ver con hacer patente la idea de que existe una necesidad de transformación social y del sistema de producción para así producir un equilibrio natural y superar la alineación de los humanos, así como las causas de su ruptura con la naturaleza.[4]   Así, Marco Maurizi clasifica el antiespecismo idealista o metafísico en tres escuelas, que son: «la filosofía moral burguesa», en la que se combate el especismo desde la filosofía moral pretendiendo ampliar el universo moral a los animales no humanos; «la crítica legal liberal», donde se proponen soluciones a través de realizar cambios en la normativa jurídica considerando así a los animales no humanos como sujetos de derecho; y «el posestructuralismo», que denuncia una separación artificial entre el tradicional binomio naturaleza y cultura como origen del problema de la liberación animal. Además de esto, Covelo Guerra dedica el «Capítulo 5» a los principios teóricos, aportaciones y críticas que desde diferentes perspectivas se han realizado respecto al debate con nuestra relación con los animales. Estas corrientes quedan enmarcadas en el «utilitarismo», el «contractualismo», el «antiautoritarismo» y el «materialismo dialéctico».

Finalmente, tal y como adelanta el autor al inicio del libro, su propuesta está dirigida hacia introducir dentro del debate de la liberación animal la perspectiva marxista. De repensar la relación entre la naturaleza y lo humano surge la necesidad de superar el capitalismo y de este modo poder suturar la fractura que nos ha conducido hacia la explotación animal y la alineación humana. Se trata de un camino arduo pero que sin duda es imprescindible tomar ya que la vida debe ser puesta en valor en sí misma con independencia de la especie que la sustente. Hoy, repensar la vida y la muerte es un asunto acuciante toda vez que la diversidad debe de ser lo que nos haga vivir en compañía y respeto con la otredad y no en un mundo de jerarquías y privilegios desiguales. Así, Humanos contra naturaleza es uno de esos pasos que desde la filosofía se nos brinda para trazar nuevas vías de pensamiento que nos hagan mejorar nuestra relación con la naturaleza y el resto de seres vivos.


Ayoze González Padilla

Naturaleza y Vida


Cómo citar este artículo: GONZÁLEZ PADILLA, AYOZE. (2023). Naturaleza y Vida. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 2, (R8). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2023/11/naturaleza-y-vida.html

[ Esta reseña también ha sido publicada en Lulaya The Journal. N. º 1, 2023: https://www.numinisrevista.com/p/lulaya-journal-1.html ]



[1]. COVELO GUERRA, JOSÉ. (2022). Humanos contra naturaleza: Una revisión marxista del antiespecismo. Círculo Rojo Editorial, pp. 24-25.

[2]. Ibid., p. 36.

[3]. Ibid., p. 41.

[4]. Cfr. Ibid., p. 43.

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1 comentario:

  1. Enhorabuena Ayoze por este artículo tan profundo que ojalá ayude a mejorar nuestra relación con la naturaleza y con los seres vivos

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