
Ciencias ocultas islámicas
Dejemos
por ahora el repaso histórico-geográfico lineal y concluyamos este pequeñas
viaje por las ciencias islámicas tempranas con unos comentarios finales.
En
todo este recorrido es oportuno recordar lo que ya insinuaba al comienzo de las
columnas de antecedentes: las divisiones disciplinares contemporáneas no se
corresponden con las de otras épocas y lugares. Por ello, debemos entender las
investigaciones y resultados de los sabios islámicos en términos que no son los
nuestros, aunque luego muchos de sus conocimientos hayan servido de base para
conocimientos posteriores propiamente científicos. Este reconocimiento de las
diferencias entre las ciencias islámicas y las ciencias del presente acarrea a
su vez otra constatación: si las fronteras disciplinares no eran las mismas,
tampoco había un paradigma de demarcación entre lo científico y lo no científico
o incluso lo pseudocientífico.
El
problema de la demarcación entre ciencia, no ciencia y pseudociencia concitó la atención
de los primeros filósofos de la ciencia, firmes creyentes en la excepcionalidad
de la razón científica y por lo tanto en la posibilidad de hallar un modo de
determinar a las claras qué es ciencia, qué es conocimiento no científico y qué
son auténticas patrañas. Con el paso de las décadas este sueño inicial se fue
difuminando y autores como Larry Laudan llegaron a certificar su defunción en los años 80. Hoy
en día el furor demarcacionista está bajo mínimos. Por supuesto, tenemos
criterios para diferenciar un conocimiento sólido de una majadería y hay
barreras sociológicas a lo que se puede investigar y enseñar en una facultad de
ciencias y lo que no. Pero pocas son ya las personas que crean en una ciencia
pura y maciza, absolutamente inmune a las otras formas de conocimiento y
razonamiento. En todo caso asistimos a un continuum que va de la
aparente superchería a las hipótesis que, por su estabilidad y
consistencia, resultan fiables. Pero en ese continuum no existe la certeza total y menos
aún la pureza.
Así pues, si ni siquiera en el mundo contemporáneo, con disciplinas científicas bien definidas, institucionalizadas y socialmente reconocidas, podemos establecer demarcaciones claras ¿cómo podríamos pedirles algo semejante a los sabios islámicos?
Esto abre la puerta a que tradiciones, creencias o campos del
saber que, para nuestra biempensante mentalidad naturalista científica,
aparecen como pseudociencias más o menos burdas, en aquella época fuesen temas
legítimos de estudio.
Mathew
Melvin-Koushki, a quien ya citaba para argumentar en pro de la occidentalidad del islam, es también uno de los grandes reivindicadores de las ciencias
ocultas islámicas. Según su criterio, ramas como la alquimia, la astrología, la
ciencia de las letras (ʿilm al-Ḥurûf) y otras formas de numerología, la
geomancia, la magia en sentido lato… eran (y con muchas reservas
todavía son) moldes productivos para adquirir conocimiento. No se trataba de
pasatiempos infantiles que distraían a las mentes doctas del recto camino de la ciencia, sino otra faceta más de su actividad científica. Era imposible
discernir “lo oculto” de “lo visible” y fue precisamente esta combinación entre uno y otro lo
que dotó de dinamismo y novedad (más allá de los factores históricos y
sociológicos que ya se han comentado) a las ciencias islámicas. Esto se ve en
aspectos tan relevantes como la valorización de la experiencia. En palabras del
propio Melvin-Koushki (2023):
los
científicos ocultistas musulmanes dan fe constante de la naturaleza empírica
de sus operaciones. Es decir, la modernidad temprana islámica, al igual que
su paralelo cristiano, se caracteriza por un énfasis cada vez mayor en la
naturaleza experimentalmente verificable de la ciencia, oculta o de otro tipo.
Aquí los términos árabes centrales son taḥqīq, “verificación
independiente”, y tajriba, “ensayo experiencial”; la evolución semántica
de este último es muy paralela a la de su cognado latino experientia
(Janssens 2004; Langermann 2014; Melvin-Koushki 2018b; cf. Gutas 2018; Brentjes
2018, 10, 74–7). Esto, debe enfatizarse, representa una desviación
significativa del precedente aristotélico, en el que la empeiria es un
modo de conocimiento general considerablemente inferior a epistēmē, la
“ciencia” (335-6).
Así, podemos comprobar cómo el
empirismo-experimentalismo tan propio de las ciencias contemporáneas tiene algo
(no digo que sea su único origen, pero sí uno de ellos) del ocultismo
islámico. No es la única característica típicamente científica a la que le
ocurrirá esto y ahí está la matematización del mundo para probarlo. Prosigue
Melvin-Koushki (2023):
Este
cambio de paradigma fue también específicamente neopitágorico: el mundo ahora
se leería en términos exclusivamente matemático-lingüísticos —es decir,
talismánicos—. Esta es una fuente principal de la doctrina de los Dos Libros,
propia del Occidente bibliómano, por la cual el filósofo natural (musulmán,
judío o cristiano) debe tratar la naturaleza y las escrituras como expresiones
gemelas de la misma mente divina reveladora. A partir de entonces, el mundo
debía ser leído y mágicamente reescrito como un texto matemático (Håkansson
2001; Harrison 2001; Howell 2001; Killeen and Forshaw 2007) (330).
Para
que Galileo pudiese escribir en su Ensayador que el universo es un
libro escrito en caracteres matemáticos; y para que en la actualidad la
matematización de cualquier disciplina sea vista como una mejora, un aumento en
su rigor, una ascensión en su cientificidad, ha sido precisa toda una tradición
pitagórica y abrahámica de tintes ocultistas que tuvo el mundo islámico
temprano algunos de sus más prolíficos hitos.
Estos ejemplos nos instan a ampliar
y relativizar nuestra concepción del conocimiento y la racionalidad y a atender más a las prácticas y a los resultados que a los meros discursos sin contexto. Desde este prisma, no todo es
tan blanco o negro como habitualmente lo pintamos y hay casos históricos que
así lo prueban. Las ciencias ocultas islámicas son uno de ellos, pero, como plantearé
más adelante, también los grandes nombres de la ciencia europea moderna se
vieron influidos por o incluso practicaron ciencias ocultas. Más aún, algunos
desarrollos cognitivos contemporáneos, arguye Melvin-Koushki (2016) con
provocación, desprenden aromas ocultistas:
Varios
desarrollos recientes son especialmente sugerentes: la semiótica peirceana —en
la que todo lo existente es un signo— se ha convertido en una industria
artesanal en filosofía; Los genetistas insisten en hablar de la vida química en
términos textuales; y algunos científicos cognitivos han hipotetizado
matemáticamente un realismo consciente monista-panpsiquista, por el cual la
percepción por sí sola erige el tiempo y el espacio y codifica cuánticamente lo
que consideramos realidad física. Esta última tendencia en particular deriva de
la nueva disciplina de la física —que hace tiempo desplazó a la metafísica,
incluida su rama cabalista/lettrista, como reina de las ciencias en Occidente—
que ahora está en auge: la física de la información. […] Lo más llamativo es
que esta cosmología emergente requiere que reconozcamos el universo como una
"meta-realidad de estructuras informativas", y el flujo
unidireccional del tiempo y los límites estrictos del espacio como
construcciones humanas; de ahí la capacidad de la conciencia humana,
procesadora de logos que es, para cambiar cuánticamente la realidad física con
el mero acto de observación, incluso en el pasado. Las estructuras de
información, por supuesto, se encarnan, son una forma de escritura; y la
observación es una visión de la luz (99-100).
La propia digitalización de la realidad social, el auge de la IA generativa y los sueños de "descargar" la conciencia en computadoras beben a su modo de las vetustas fuentes ocultistas. Es
para reflexionar, dirían por ahí.
Como
estrambote, no me resisto a mencionar, aunque sea a vuelapluma y abandonando
abruptamente las ciencias ocultas, que no todo era conocimiento “de salón” en
este período (algo que intentaré mostrar de manera más explícita y extensa en
el futuro). En concreto destacan las
innovaciones en navegación que tuvieron lugar durante los primeros siglos de la
era musulmana y que también dejarán su impacto “científico”, especialmente en
astronomía y cartografía. Impacto que se traspasará a los países cristianos del
Mediterráneo y posibilitará, en parte, las talasocracias veneciana, portuguesa
y castellana, que a su vez fueron decisivas para el devenir del conocimiento en
los siglos XV, XVI y XVII.
Con
estas cuatro columnas, y en especial esta última, quisiera transmitir el
mensaje más allá de las contribuciones concretas, que las hubo, las ciencias
islámicas fueron fundamentales para la promoción de tradiciones de
investigación, valores epistémicos y hábitos intelectuales que latieron con
fuerza en los siglos posteriores y aún hoy se hacen oír en muchos casos.
Algunos fáciles de reconocer para el ojo cientificista, otros más ocultos
(nunca mejor dicho), relevantes todos.
Todos
los popes de la así llamada Revolución científica de los siglos XVII y XVIII se
vieron influidos en mayor o menor medida por autores y tendencias islámicas.
Frente al tan manido relato que une el mundo grecolatino con la modernidad
temprana, no es baladí recordar que esa misma modernidad bebía igualmente de
las fuentes islámicas y también cristianas de los siglos inmediatamente
anteriores. Que muchos de aquellos popes (y más adelante, con mayor virulencia,
los historiadores de las ciencias y la cultura) empezasen a borrar esas huellas
islámicas es algo que habría que analizar como un acto político intencionado.
Uno que hunde sus raíces en el prejuicio religioso, más adelante devenido
islamofobia institucionalizada.
Pero baste por ahora. En las siguientes columnas nos zambulliremos en los saberes que se cocían en la Europa cristiana.
Bibliografía
Melvin-Koushki, M. (2018). Of Islamic Grammatology:
Ibn Turka’s Lettrist Metaphysics of Light. Al-ʿUṣūr al-Wusṭā 24 (2016):
42-113
Melvin-Koushki, M. (2023). Another scientific
revolution? The occult sciences in theory and experimentalist practice en Routledge
Handbook on the Sciences in Islamicate Societies: Practices from the 2nd/8th to
the 13th/19th Centuries, ed. Sonja Brentjes, 328-39
El artículo de Larry Laudan sobre demarcacionismo es “The demise of thedemarcation problem” (1983).
La web Islam occult contiene abundante información sobre las ciencias ocultas islámicas.
La influencia de las ciencias islámicas en Copérnico son puestas al descubierto en el artículo “Copernicus and his islamic predecessors: some historical remarks” de F. Jamil Ragep. Otro tanto hace Mustafa Gurbuz con Newton en “Newton’s Secret Faith: Islam and the LostHistory of Enlightenment”.
El artículo “Navigating the Early Islamic World” da cuenta de las innovaciones islámicas en este campo.
La
disputa entre los autores así llamados renacentistas que reivindicaban los
méritos islámicos y los que los repudiaban por razones religiosas está
documentada en "Taḥqīq vs. Taqlīd in the Renaissances of Western Early Modernity" de Matthew Melvin-Koushki (¡quién si no!).
Cómo citar este artículo: VERDE ORTEGA, PAVLO. (2026). «Ciencias ocultas islámicas». Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4, (CM58). ISSN ed. electrónica: 2952-4105.




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