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La ficción

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Intento de definición de algo que nos define

La narrativa está omnipresente en nuestras vidas. Nuestra propia identidad personal responde hasta cierto punto a una narración y otro tanto se podría decir de nuestros vínculos comunitarios y afiliaciones políticas. Habitamos el relato y por medio de él nos constituimos en lo que somos. Se han vertido caudales de tinta al respecto de estas cuestiones y no es mi intención aquí hacer llover sobre mojado. Sin embargo, quisiera detenerme en un elemento más modesto de este gran entramado narrativo que nos envuelve. Tal vez el más irrelevante a nivel social y con el que la filosofía guarda una relación ambigua. Me refiero a la narrativa, a la ficción (palabra que me gusta más) como acto creativo. Aunque su trascendencia pueda palidecer ante el poder de un relato político, los cuentos que nos leían de niños, las películas, series, piezas teatrales y novelas que acompañan a muchas personas después, el lore de los videojuegos y juegos temáticos, los cómics… cumplen en buena medida el papel de base sobre la cual construir cualquier narrativa más elaborada.

¿Qué es, pues, esta narración o ficción creativa? Una respuesta apresurada puede ser contraponer la ficción a la realidad y equipararla, por tanto, a alguna forma de mentira o, como mínimo, de no-verdad. Según esta idea, dicha ficción no cumpliría otro rol que el de la evasión, el de mantener nuestras mentes entretenidas, cuando no alienadas y lo más lejos posible de la cruda verdad.  No obstante, Ursula K. Le Guin nos ofrece una alternativa a esta oposición tan poco fructífera. La ficción sería para esta escritora algo mucho menos abstracto.

Solemos pensar la historia de la humanidad como la historia de la cultura y esta como la historia de la tecnología. Este proceder implica obviar que otros animales también han desarrollado culturas y se valen de herramientas, pero aun aceptando este provisionalmente marco como válido, ¿cómo solemos contarnos esta historia humana-cultural-tecnológica? Principalmente como un inventario de cosas puntiagudas. Dice Le Guin: «Lo hemos oído, todos hemos oído de los palos y las lanzas y las espadas, las cosas para atizar y para pinchar y para golpear, las cosas largas, duras […]». La historia de la civilización ha ido siempre de la mano de la historia de la violencia y las herramientas para ejercerla, lo cual no deja de ser un relato patriarcal. Le Guin, hija de antropólogos y feminista, prefiere que nos narremos de otra manera y nos insta a pensar en los recipientes antes que en las armas, en las herramientas que conservan antes que en las que matan. «Todavía no hemos oído de la cosa que sirve para poner cosas dentro, el contenedor para el contenido. Esto es un nuevo relato».

Después de esta digresión histórico-antropológica se puede entender cómo encaja la ficción en el relato de Le Guin: sería, ante todo, un recipiente, una tecnología diseñada para recolectar elementos dispersos y guardarlos con vistas al sustento futuro. No obstante, se trata de un recipiente particular, ya que aquello que extraemos de él no sale igual que como entró. Y no solo eso: también la persona que lo introdujo y la que lo saca se ven transformadas en este proceso. Quien crea una historia, quien la transmite, quien la recibe… todas, todos cambiamos al enfrentarnos a este acto de recolecta que es la ficción.

Lawrence Hass confiesa en un su introducción al pensamiento de Merleau-Ponty cómo el uso de la palabra «canalla» que hace Balzac en sus textos da una vuelta de tuerca al término a la que él como lector no se había enfrentado hasta que se enfrentó a los libros de este autor. Esta pequeña anécdota basta para ejemplificar el potencial transformador de la ficción:

«Empiezo a leer con mis propias ideas adquiridas, significados y léxico, pero si leo bien y atentamente las palabras y frases del autor retuercen sutilmente esos sentidos e ideas, incitándome a pensar e imaginar lo que nunca había soñado antes. Pronto la llama se enciende: soy consumido y transformado por la Tierra Media (o Parma, Devonshire o Arkham) y no puedo imaginar un tiempo en el que no fuesen parte de mi mundo pensado» (Hass, 2008: p. 180-181).

La ficción, incluso la más realista, nunca puede ser una simple mímesis de la realidad. La ficción es siempre realidad aumentada, un desdoblamiento del mundo que nos ayuda a pensarlo desde diferentes perspectivas. Pero también es realidad virtual, la negación de esa frase hecha que tan a menudo repetimos: «Es lo que hay», porque al recoger «lo que hay» e introducirlo en el recipiente generamos «lo que podría haber». En palabras de Donna Haraway: «No es un “final feliz” lo que necesitamos, sino un no-final. […] El Sistema no está cerrado; no hay advenimiento de la imagen sagrada de lo idéntico. El mundo no está completo» (p. 33). De ahí el potencial y la importancia de la ficción. Esta nos abre un terreno de posibilidad y cambio a muchos niveles: lingüístico, personal, filosófico, científico y también político, entre otros. Su grado de repercusión podrá ser mayor o menor (y en muchas ocasiones mínimo), pero siempre cumplirá un papel como tragaluz de lo real que no debemos desdeñar.

 

La ficción

Pavlo Verde Ortega

Bibliografía

-      HARAWAY, DONNA. (1999). «Las promesas de los monstruos: Una política regenradora para otros inapropiados/bles». Política y sociedad, (30), 121-163

-      HASS, LAWRENCE. (2008). Merleau-Ponty's philosophy. Indiana University Press: Bloomington (IN, EEUU)

-      LE GUIN, URSULA K. (2021). La teoría de la bolsa como origen de la ficción. Oficios Varios: Barcelona (España)

Cómo citar este artículo: ORTEGA VERDE, PAVLO. (2023). «La ficción». Numinis Revista de Filosofía, Año 1, 2023, (CM21). https://www.numinisrevista.com/2023/02/la-ficcion.html

ISSN ed. electrónica: 2952-4105

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