

El color ausente
«Sicut enim maius est illuminare quam lucere solum,
ita maius est contemplata aliis tradere quam solum contemplari».
Thomas Aquinas.
Voy por darle un abrazo sin saber que, a veces, las ausencias nos traen nuevas presencias. He dicho voy cuando en realidad es fui. No importa. La vida es un presente continuo hasta que la muerte nos separa de los vivos. El acto lo había visto anunciado en una de las redes sociales que ambos compartimos. El anuncio colgaba virtualmente de su muro: «El 21 de octubre, a las 19 h en el Ateneo de Madrid se presenta este libro». Un mensaje sucinto. Cuándo, dónde y qué. En la imagen, sin embargo, podía obtener uno algo más de información: Presentación del libro entre los otros de Manuel Jesús Pineda y José Mateos; lo presenta María Antonia García de la Vega e intervienen los autores y un tal Fernando Muñoz. Bien, no conozco a ninguno más que a José Mateos. Ni idea de quiénes son Manuel Jesús Pineda ni María Antonia García de la Vega ni Fernando Muñoz. Seguro que luego me avergonzaré de no saberlo, pero yo voy por abrazar a José Mateos. No todos los días tiene uno la oportunidad de ver a un poeta y menos de la hondura de José y, aún menos, de abrazarlo. Quiero darle una sorpresa. No me espera, porque yo tampoco le he dicho nada de que vaya a acudir.
Llego con la hora pegada al Ateneo, subo la escalinata, pregunto cuál es el modo más rápido de acceder a la Sala Pérez Galdós y el ujier me dice que tome el ascensor a la tercera planta, que cuando salga, vaya todo al fondo a la derecha. Eso es lo que hago y llego a la Sala Pérez Galdós. Por cierto, don Benito fue ateneísta durante cincuentaicinco años ininterrumpidamente. Vino de Las Palmas de Gran Canaria con diecinueve años a Madrid, en 1862, y aquí vivió cincuentaisiete años más hasta su muerte en 1920. El mismo don Benito de los Episodios nacionales al que los modernistas apodaron despectivamente «el Garbancero». Murió ciego… ¡Bah, da igual! Aquí estoy yo ahora, en la Sala Pérez Galdós. Una pantalla, dos sillas y un atril… ¿una docena de personas?
La sorpresa me la llevo yo cuando asumo que José Mateos no está entre los ponentes. Efectivamente, cuando María Antonia García de la Vega —luego he sabido que preside la sección de fotografía del Ateneo y que tiene un curriculum nada desdeñable; primer avergonzamiento— comienza a hablar e informa de que José Mateos no ha podido acudir al acto por enfermedad. Da la palabra a Manuel Jesús Pineda —un reputado fotógrafo con vocación literaria de Jerez de la Frontera que vive en Sevilla; segundo avergonzamiento— y a Fernando Muñoz —doctor por partida doble en filosofía y en sociología e investigador en filosofía política y ciencias sociales; tercer y último avergonzamiento— quienes conversan sobre entre los otros. Fernando es el autor del prólogo, un prólogo que, al parecer, le ha quedado muy poético, nada que ver con la prosa ensayística y de investigación a la que está acostumbrado. Como somos poca gente en el público, el asunto parece quedarse en familia. Descubro que a Manuel Jesús Pineda lo llaman Manuel a secas. Y con Manuel se va a quedar en mi memoria.
entre los otros es un proyecto fotográfico que le ha llevado nueve años de su vida. Es la primera vez que hace fotografía en color y la primera vez también que acompaña sus fotos de texto. Todos sus libros anteriores —puntos suspensivos (2012), ausencias (2018) y polisemia (2020)— son de fotografía en blanco y negro. José Mateos, el hondo poeta al que me he quedado sin abrazar, prologó polisemia. Ahora, Manuel y Pepín —así llaman a José Mateos sus más allegados— han unido fuerzas y talento para crear un libro que es uno y dos libros a la vez. Manuel nos muestra un pequeño vídeo con algunas de las fotos que lo componen; también aparecen algunos poemas que José Mateos iba a haber leído si hubiese estado aquí. Los lee Manuel; yo me imagino la voz de José:
Se me escapa la vida por los ojos.
Cada cosa que miro es un reflejo
de otra cosa, y de otra, hasta ser nada.
Lascas de luz y sombras, halos, brillos…
es todo lo que veo y me desangra,
es el mundo visible, nuestro mundo.
Vivimos, como Dios, en una hipótesis.
Las imágenes van pasando en la pantalla. Son fotografías en color, pero de un color ausente, melancólico, íntimo. Rostros, figuras esfumadas y cuidadosamente trepidadas al azar de quien pasa muchas horas en la calle con la cámara ceñida al pecho fotografiando a personas anónimas que ignoran que hay un ojo que las escucha, midiéndoles el paso para acompañarlas en una mirada que para siempre quedará plasmada en el papel. Papel silencioso. Silencio de papel que rasgan los versos de José Mateos:
Vivir es exponerse
a una mirada.
Y no sabemos
si quien nos mira
nos da o nos desposee.
Lo nuestro, lo más propio
es la distancia
que media entre un asombro y su clausura.
Fotografía en color. Más y más rostros, más gente. Color ausente. Ojos, miradas. Ni blanco ni negro. Tenuidad poética, poesía de imagen:
No hay nadie
en esta vida
que termine en sí mismo,
idéntico a sí mismo.
En esta vida
la verdadera vida
siempre está ausente.
Alma,
rompe el espejo
que distorsiona
la verdadera vida en esta vida
para poder mirar
el revés del espejo.
Ha pasado algo más de una hora. Manuel termina de hablar citando a Tomás de Aquino: «Del mismo modo que es mejor iluminar que solamente brillar, asimismo es cosa más grande dar a los demás las cosas contempladas que solamente contemplarlas». Compro el libro y le digo a Manuel que lo firme, pero que no me lo dedique, que ponga lo que le venga a la cabeza. Me mira extrañado y me dice que nunca le han pedido algo así y que no sabe qué poner. Como somos cuatro gatos, le digo que se tome su tiempo. Escribe algo y me lo entrega. Decido no leerlo en ese momento.
Salgo del Ateneo. Me encamino a casa, aunque decir eso en Madrid, con tanto asfalto, es mucho decir: poco camino se hace en las ciudades, si acaso callejear o andulear como diría Rafael Cansinos Assens; lo más probable, el autobús o el metropolitano. Al llegar a casa, reflexiono: en realidad el color ausente ha sido el de José Mateos, pero también se me han manifestado otros colores tenues, melancólicos, íntimos. Hojeo el libro. Efectivamente, a Fernando Muñoz le ha quedado un prólogo de una hermosa y honda prosa poética.
Tengo el libro encima de la mesa. Lo guardaré en algún anaquel. Aquí se quedará para que algún día ilumine a otros, a quienes abran sus páginas y echen a volar. Leo el colofón: «entre los otros, libro con fotografías de Manuel Jesús Pineda y textos inéditos de José Mateos, se acabó de imprimir el 19 de marzo de 2026. Se hicieron trescientos ejemplares en papel gardapatt klassica de 150 gramos. Así mismo del diseño y la maquetación se hicieron cargo José Mateos y Manuel Jesús Pineda». Sé que el título lo escogió José Mateos. Somos entre los otros.
Contemplo las palabras que Manuel escribió en la portadilla: «Estas imágenes que irradian el alma, esa sustancia inmaterial que la conforman los otros». Alguien más las contemplará... acaso algún día, alguna vez, cuando yo no sea más que el color ausente entre los otros que aquí se quedan.
Michael Thallium
El color ausente
Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). El color ausente. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4, (CV187). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/10/el-color-ausente.html




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