¿Qué hace una mujer en la cama?
Vou te dar (Entre mis sábanas, un sueño) de Andrea Rolpez
Águeda Rodríguez
Esta
es la pregunta a la que se enfrenta Andrea Rolpez[i] en su pieza Vou te dar
(Entre mis sábanas, un sueño) y la pregunta que yo deseo responder desde
que acudí a su estudio Nebot el pasado viernes 16 de octubre. Las camas son
lugares profundamente íntimos y eróticos en los que tendemos nuestros cuerpos y
permanecemos en descanso. No solo dormimos en ellas, pensamos y leemos, hacemos
cualquier cosa que nos pide el cuerpo con la certeza de que es un lugar seguro.
También pueden ser lugares compartidos, de hecho representan la promesa más
fuerte de compromiso: «dormiremos en la misma cama hasta que la muerte nos
separe», la convicción de que podemos dejar de proteger nuestros cuerpos
durante la noche sin que la compañía sea una amenaza, aunque muchas personas
falten a esta promesa. Inevitablemente asociamos la cama a lo sexual y al
deseo, porque en ella se acuestan lxs amantes o porque nos permitimos desear
sin límites. Pero las camas casi nunca están cubiertas con pétalos de rosas
sobre sábanas limpias en las que dormimos con un pijama nuevo, la intimidad no
es siempre un beso en los labios, ni todas las personas con las que nos
acostamos tienen intención de cuidarnos. ¿Qué hace a una cama «camear»? ¿cuánto
de la cama hemos perdido al pensarlas siempre como lugares puros y limpios?

Vou Te dar (Entre mis sábanas, un sueño)
La
cama de Andrea tiene dos partes: una sábana arrugada con restos de un fluido
color mostaza y un colchón manchado por la silueta de un cuerpo. Su cama no
está limpia y en ella quedan las marcas de muchos momentos que han ensuciado
los tejidos. No se parece demasiado a la cama en la que está tendida La maja
desnuda de Goya, la Venus del espejo de Velázquez o la Venus de Urbino de Tiziano, estas más bien
parecen atrezo o recuerdos de un sueño. Goya y Tiziano quizás pensaban demasiado
en mostrarnos la belleza a través de su mirada, fantaseaban sobre el placer y
el deseo que provoca un cuerpo que descansa despreocupado. Nuestras camas han
sido víctimas de la sexualización y la cosificación, cuerpo sobre cama, objeto
sobre objeto. No solo culpemos a los pintores, pensemos en los planos lentos y
detallados de cuerpos femeninos tumbados como objetos pasivos; en los pijamas
lenceros, los cuerpos depilados, las sábanas de flores o color pastel, los
cojines mullidos y en el despertar de las mujeres de la cultura visual: siempre
preparadas para ser deseadas, imágenes en las que nuestras camas y nosotras
somos objetos de deseo.
La
cama de Andrea es similar a la de Tracey Emin en My Bed (1998),
desordenada y descuidada, con restos de muchos recuerdos y no todos buenos. La
marca en el colchón de Andrea parece de suciedad, recuerda que en las camas
también plasmamos nuestra experiencia, nos acostamos por horas en ellas,
dejando que el sudor y la suciedad manchen y aromaticen las sábanas. Las
habitamos sin querer ser deseadas, solo por el placer de descansar y
despreocuparnos. Visualmente los colores y las texturas de la obra son
desagradables, no apetece tumbarse en su colchón obsceno y cubrirnos con su
sábana desgastada, pero en ella está inscrita la frase: Vou te dar, te
quiero dar. En la obra el deseo se desprende del atrezo y permanece como una
declaración honesta. Por medio de la práctica textil híbrida la artista
cuestiona la imagen heteropatriarcal del deseo, la cama no es ese objeto
siempre preparado para la invitación. Precisamente porque la habitamos sin esa
expectativa hay mucho más en juego. La obra nos pone ante la idea de que meternos
en la cama de alguien no puede ser insignificante, supone la inserción en la
trama de vivencias de nuestra compañía, una trama que lleva consigo un pasado. Con
todo, podemos aspirar a que sea momentáneo, pero es crucial reconocer que en
ese momento estamos tocando cuerpos con historia.
En
septiembre de 2014 Emma Sulkowicz salía al campus de la Universidad de Columbia
cargando un colchón de 23kg casi idéntico al que tenía la cama sobre la que le
violaron. El caso de Sulkowicz, parecido al que actualmente caracteriza a la
Universidad de Cornell, motivó una performance de protesta en la que la
artista sacaba la cama de la esfera privada para denunciar la ausencia de
represalias para los agresores de las universidades —y por qué no decirlo, de agresores
en general—. De nuevo, la cuestión del consentimiento justificaba la pieza, una
de las normas que la artista impuso era que solo podía recibir ayuda si alguien
previamente solicitaba el permiso de hacerlo. El acuerdo que se discute
consiste en acompañarle en su historia ayudándole a sostener el peso de la
misma. Mattress Performance (Carry That Weight) (2014 - 2015) es una
pieza llena de capas que ocuparía una crítica entera, pero el paréntesis me
parece fundamental, «carga con ese peso», sería la traducción; la denuncia es
clara: el colchón tiene un peso material (23kg) y un peso emocional (el recuerdo
de la experiencia traumática). Un peso que no permanece en la privacidad de la
habitación, sino que nos acompaña por todos los lugares que transitamos, aunque
podamos aprender a hacerlo ligero. En ambas obras el consentimiento no responde
solo a una cuestión sexual, es un trato por el cual se nos abre la posibilidad
a la vida de la otra y nos comprometemos a cuidarla por el tiempo que estemos
en ella. «Te quiero dar» es una cuestión de cuerpo, afecto y de tiempo. El
material del colchón, tal y como lo describe Andrea, es una superficie parecida
a la piel, «poroso y receptivo, donde afectos, emociones y memoria quedan
atrapados».
Los
hospitales también están llenos de camas, y cuando estamos enfermas reposamos
encamadas, entonces se nos hacen menos apetecibles. La cama como espacio
heterotópico, donde el tiempo transcurre de otra manera, a veces como si no lo
hiciera y otras como único testigo de que todavía nos queda tiempo. En ella nos
fundimos con el tejido que cubre el colchón esperando a que la pena y el dolor[ii] pasen para entonces
levantarnos como si fuera un «nuevo despertar»[iii]. La cama es uno de los
pocos lugares en los que la vida y la muerte se confunden, donde acabamos y
empezamos el día, en muchos casos, donde se nace y se muere. La vulnerabilidad que
sentimos en la cama es física y afectiva, imaginamos y creamos, todas las fantasías
son permitidas, pero por ese motivo también es un lugar perfecto para
ocultarnos. Sobre esto reflexiona Ternura, el personaje de Luna Miguel en Ternura
y derrota (2024), en la obra la cama es un lugar tan seguro como hostil.
Podemos desplegar nuestros pensamientos sin miedo al juicio público, pero eso
también supone aceptar que existen, y todo queda en la cama: «no necesito un
cuarto propio tanto como un colchón en el que sentirme a salvo», hasta que alguien
entra: «imagínate haber construido un mundo para ti solo entre las sábanas, (…)
y que de pronto alguien, en un segundo, sople y destroce tu mundo de naipes».
La cama puede ser la posibilidad de una vida y entrar en cama ajena implica acompañar
y participar en dicha vida el tiempo que sea, con todo lo que eso conlleva.
Con
mucha ternura, Andrea nos hizo a mi amiga y a mí un recorrido por su trabajo y el
de otrxs artistas que crean en Nebot con ella. El estudio no es demasiado grande,
pero estaba lleno de creaciones, sin embargo, yo me encontraba continuamente
deseando volver a ver Vou te dar. Una mujer hace distintas cosas en su
cama y tienen mucho que ver con el deseo y lo erótico, pero no únicamente con el
encuentro sexual; a veces es el único lugar en el que nos encontramos con nosotras
mismas, también en el que podemos escondernos. La invitación a una cama no es
más que el consentimiento a la apertura de nuestro mundo y la confesión de que
bajaremos la guardia mientras el cuerpo de la amiga, la amante, la hermana, la
madre… Se encuentra tendido a nuestra vera, como los durmientes de Sophie Calle
(1979). Vou te dar (Entre mis sábanas, un sueño) habla de todo lo
que dice un cuerpo, que nunca es puro, es un cuerpo con vida que deja marca y
que es marcado. Quizás sea un reto interesante para la crítica feminista
empezar a pensar las camas deshechas y usadas como lugares en los que sentir
deseo, es decir, desear los cuerpos usados. La cama evoca una ternura compleja
asociada a lo vulnerable, lo traumático y lo seguro, no como una condena, sino
como un lugar desde el que conocernos y dejarnos conocer[iv].
Cómo citar este artículo: RODRÍGUEZ, ÁGUEDA. (2026). ¿Qué hace una mujer en la cama? Vout te dar (Entre mis sábanas, un sueño) de Andrea Rolpez - Reseña artística. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4. (RA9) ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/10/que-hace-una-mujer-en-la-cama-vou-te.html
Bibliografía
AHMED,
SARA. (2015). La política cultural de las emociones. Universidad Nacional
Autónoma de México. México.
CHOPIN,
KATE. (2012). El despertar. Ediciones Cátedra
COSSLETT,
R. L. (8 de octubre de 2026). The
woman with the mattress: the radical, rage-fuelled history of anti-rape art. The Guardian. https://www.theguardian.com/artanddesign/2026/oct/08/anti-rape-art-history-cornell-mattress-performance
Hooks, bell. (2000). Feminism is for everybody.
South end Press.
MIGUEL, LUNA. (2024). Ternura
y derrota. La Bella Varsovia.
MULVEY, LAURA. (1989). Visual and Other Pleasures. Indiana
University Press.
TORRES,
SARA. (2026). El pensamiento erótico. Reservoir Books.
[i] Me referiré a la autora de la obra principal por su
nombre de pila como un gesto de ternura y aludiendo a la intimidad de su propia
pieza.
[ii] Actualmente se utiliza mucho el
concepto de bed-rotting (pudrirse en la cama) en referencia a la
actividad de permanecer en la cama sin hacer nada. Tiene interpretaciones
variadas, por un lado, es la resistencia al exceso de productividad que caracteriza
a nuestro tiempo y la falta de descanso. Por el otro, también está asociado a
un comportamiento que indica síntomas de depresión.
[iii] La idea de la cama como un lugar
para renacer es fundamental en la novela de Kate Chopin, El Despertar
(1899). La protagonista, Edna Pontellier, es una mujer que se remueve contra el
ideal opresivo de madre y esposa, en la obra, la cama simboliza el despertar
físico y el despertar emocional, artístico y sexual que experimenta la protagonista.
[iv] Un recuerdo para Alba y para
Matilde, por aportar ideas y ejemplos al texto.




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