

Tres maestros del rococó
El título lleva a confusión. Si lo que uno busca es llamar la atención, objetivo conseguido. Quizás. El título no es mío. Es la traducción al español del título del último concierto de la temporada —cincuentaiséis años llevan ya— Orquestas y solistas del mundo de la Serie Barbieri de Ibermúsica. El veterano director de orquesta John Eliot Gardiner y The Constellation Orchestra ofrecieron un programa con tres obras de tres compositores cuyo estilo es parecido: La Sinfonía en re mayor de Juan Crisóstomo Arriaga (1806-1826), el Concierto para clarinete en la mayor K. 622 de Wolfgang Amadeus Mozart 81756-1791) y la Sinfonía n.º 49 en fa menor, HOB I:49 «La passione» de Franz Joseph Haydn (1732-1809). Vaya por delante que el recital fue espléndido, de un refinamiento primoroso.
Volvamos al título original Three Rococo Masters con el que se anuncia este concierto en la página web del proyecto Springhead Constellation de Gardiner. Aclaremos que no era ese el título que aparecía en el programa de mano de Ibermúsica, sino The Constellation Orchestra. El término ‘rococó’ lo acuñó el pintor francés Pierre-Maurice Quays allá por 1797. Era un término despectivo formado por la combinación de dos palabras: ‘rocaille' (piedra) y ‘coquille’ (concha marina). Hace referencia a un estilo que se desarrolló en Francia entre 1730 y 1760 aproximadamente. Los primeros diseños de ese estilo se caracterizaban por el empleo de formas inspiradas en rocas marinas, algas y conchas. El término rococó se utiliza más en pintura, decoración, escultura y arquitectura que en música. El equivalente musical sería el ‘estilo galante’ con el que nos referimos a ese periodo de transición entre el Barroco y el Clasicismo. Algunos de los compositores representativos de ese periodo son Carl Philipp Emmanuel Bach, Johann Christian Bach, Johann Stamitz, Giovani Batista Samartini, Franz Benda… Las primeras obras de Haydn y Mozart también podrían incluirse en este estilo. Quizás por eso Gardiner decidiera titular esta serie de conciertos como Tres maestros del rococó, aunque Haydn compusiera la Sinfonía n.º 49 en 1768, Mozart el Concierto para clarinete en 1791 y Arriaga la Sinfonía en re hacia 1824, obra contemporánea de la Novena de Beethoven y de la Primera de Mendelssohn. En resumidas cuentas, cronológicamente y estilísticamente, poco tienen que ver las obras del programa con el Rococó.
Vayamos a la interpretación que la Orquesta Constelación dirigida por Gardiner hizo de estas tres obras en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. Era la primera vez que la orquesta visitaba España. Fundada en 2024 por el propio Gardiner después del desagradable suceso que terminó con su dimisión de la Orquesta Monteverdi que él mismo creara en 1968, la Orquesta Constelación está formada por músicos veteranos y algunos más jóvenes, aunque todos ellos experimentados en la interpretación historicista, seña de identidad de los proyectos de Gardiner. Quienes asistimos al último concierto de la 56.ª temporada de Ibermúsica, fuimos testigos de una música maravillosamente interpretada: precisión, refinamiento exquisito, naturalidad, musicalidad, minuciosidad… La Sinfonía en re mayor —la tonalidad de esta obra ha sido muy discutida— del bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga se divide en cuatro movimientos: I. Adagio - Allegro vivace, I. Andante, III. Allegro - Trio y IV. Allegro con moto. Teniendo en cuenta que Arriaga murió prematuramente diez días antes de cumplir los veinte años, no cabe duda de que la sinfonía es una muestra de su genialidad que nos hace pensar adónde hubiera llegado como compositor si tan solo hubiera vivido algunos años más. La interpretación de Gardiner quedó para la historia: las dinámicas perfectas y el sonido puro de todos los instrumentos de la orquesta, especialmente las cuerdas. Dudo que haya habido una interpretación mejor de esta obra. Y desde luego Gardiner elevó justamente a Arriaga a la altura de Mozart y Haydn.
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| Juan Crisóstomo de Arriaga |
Tras el descanso, llegó el Concierto para clarinete en la mayor de Mozart, obra que compuso dos meses antes de fallecer para el clarinetista y gran amigo suyo Anton Stadler. Anoche en el Auditorio Nacional de Música la solista a cargo de la parte solista fue la australiana Nicola Boud. ¡Qué magnífica interpretación nos regaló! Nada más salir al escenario con un «extraño» clarinete, se dirigió al público en inglés para explicar el porqué de ese instrumento que parecía un «palo de minigolf». De traductora al español hizo la fabulosa concertino rumana Kati Debretzeni. Nicola Boud explicó que se trataba de una réplica exacta del clarinete que Anton Stadler utilizó para el estreno de esta obra. Es un clarinete en la más largo con una terminación en ángulo recto a modo de bola que, efectivamente, recuerda a un palo de golf. Esa forma, le permite a Boud una gama de registros más amplia, desde los agudos hasta los más graves. El concierto se divide en tres movimientos I. Allegro, II. Adagio y III. Rondó. La orquesta y la solista tocaron extraordinariamente conjuntados, ofreciendo una interpretación intimista, muy precisa, hermosa, llena de matices, con unos fabulosos pianissimi y sfordandi. Melodías claras, sencillas, naturales. Una pureza sonora difícil de igualar. La interpretación del adagio fue conmovedora y el rondó juguetón y virtuosamente sencillo. Los ataques del clarinete fueron toda una lección magistral de cómo interpretar a Mozart. El público lo agradeció con una pequeña ovación y, ciertamente, nos quedamos con las ganas de una propina que no hubo.
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| Nicola Boud (clarinete) junto con J. E. Gardiner. |
La última obra en el programa, la Sinfonía n.º 49 de Haydn, dividida en cuatro movimientos —I. Adagio, II. Allegro di molto, III. Menuet e Trio y IV. Finale. Presto—, fue otro ejemplo de interpretación impecable: conjuntación precisa, melodías claras al unísono, diálogos hermosos entre las distintas secciones de las cuerdas, las trompas justas, los vientos bien amalgamados con el resto de la orquesta, el gesto de Gardiner armonioso. Una interpretación preciosista, no con la connotación negativa que le atribuye el diccionario a esta palabra, sino en el sentido de cuidar todo minuciosamente y con mucho mimo para realzar la preciosidad de una obra que Haydn compuso cuando tenía 36 años, muy lejos aún de la mayoría de las obras maestras que lo consagraron treinta años más tarde. El presto del Finale fue de vértigo y el público respondió con un aplauso entusiasta que hizo que Gardiner decidiera regalar un bis, precisamente ese extraordinario comienzo del Finale.
Michael Thallium
Tres maestros del rococó
Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). En primera fila. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4, (RM45). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/05/tres-maestros-del-rococo.html




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