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Contar nubes, mermar inteligencias

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Contar nubes, mermar inteligencias

…Y todo por influencia del inglés. En Hispanoamérica hablan de ‘computadoras’; en España, decimos ‘ordenadores’, porque los tomamos del francés —ordinateur— durante la década de los años 50 del siglo XX. Cuando la empresa estadounidense IBM —International Business Machines— se lanzó al mercado francés en 1955 para introducir el modelo 650, el filólogo y teólogo católico Jacques Perret sugirió traducir computer —computador, contador— como ‘ordenador’ haciendo hincapié en la capacidad de ordenar datos más que de solo contarlos. El jefe de publicidad de IBM en Francia, François Girard, ex alumno de Perret, convenció al presidente de IBM para que se adoptase ese término. Las posteriores traducciones al español hicieron que el término se consolidara en España. Somos el único país de habla hispana que utiliza ordenador para lo que los demás llaman computadora o computador.

El inglés lo ha ido permeando casi todo. Basta con acudir a una reunión de negocios en cualquier empresa para darse cuenta de la cantidad de términos que se emplean directamente en inglés o como calcos de este idioma: ROI, briefing, startup, know-how, brainstorming, CEO, manager, leader —líder—, team building, backup… La lista es interminable, y si nos adentramos en el terreno de las redes sociales —ponme un like—, la tecnología y de la informática, uno puede volverse loco o, directamente, cabrearse.

Es normal que la lengua en la que se desarrolla la tecnología se transforme en la lengua hegemónica que condiciona el vocabulario —y también la estructura— del resto de idiomas que le van a la zaga. Ese condicionamiento se agrava cuando los hablantes se preocupan poco —bien por ignorancia, bien por dejadez o comodidad— de cuidar su propia lengua. Un remedio para ello —aunque no la solución— sería la lectura, pero no cualquier lectura, sino la buena lectura de buenos libros, que en una abrumadora mayoría de los casos no son los bestsellers —otra palabra inglesa— que inundan librerías y centros comerciales.

En los últimos años y, sobre todo, ahora que ya hemos entrado en el segundo cuarto del siglo XXI, se ha puesto de moda la ‘computación en la nube’ —traducción directa de cloud computing—, un concepto que engloba todo aquello relacionado con la «desubicación» física del almacenamiento de datos para «reubicarlo» en en una cosa que se ha convenido en llamar «nube», porque es como si estuviera en algún lugar en el cielo y no en el disco duro de tu ordenador o computadora. El porqué de que se haya adoptado el término ‘computación en la nube’ en lugar de ‘ordenación en la nube’ —o habernos inventado otro cualquiera— tiene que ver con que el peso del francés es mucho menor hoy que hace setenta años y con que tampoco la masa de hablantes hispanos se preocupa demasiado por hablar o escribir con decoro. Es verdad que, por ejemplo, en la RAE hay una académica especialista en inteligencia artificial —otra traducción directa de artificial intelligence— que vela por estos y otros asuntos: la catedrática e investigadora arsense Asunción Gómez-Pérez que ocupa el sillón q. Seamos francos, ¿cuántas personas del común de los mortales la conocen y saben de la labor que desempeña?

Volvamos a eso de la computación en la nube que tanto nos afecta, aunque no seamos conscientes de ello. Si uno se adentra en ella, se va a dar cuenta inmediatamente de la abrumadora cantidad de términos que se emplean directamente del inglés, algunos aceptados ya incluso por la RAE, por ejemplo, implementar, traducido del inglés implement. Todo se implementa en lugar de implantarse... IaaS, PaaS, SaaS, multicloud, workspace, iCloud, MFA, IAM, la lista es interminable.

Decía que no somos conscientes de lo que nos afecta la computación en la nube. Por cierto, en ella está incluida la controvertida inteligencia artificial sobre la que advierte el estadounidense Robert Francis Prevost en Magnifica humanitas. Me estoy refiriendo a la carta encíclica, fechada el 15 de mayo de 2026, del «líder supremo» —supreme leader— de los católicos, el papa León XIV. Es un escrito de 132 páginas, dividido en cinco capítulos y una conclusión, que aborda muchos temas, obviamente desde la perspectiva cristiana, pero que hace hincapié en el uso de la inteligencia artificial y de sus implicaciones éticas: 

«Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto.»

La computación en la nube es imparable al igual que el empleo de la inteligencia artificial. Es algo de lo que nos beneficiamos: queremos pedir un servicio de transporte y las aplicaciones nos dan el tiempo de espera, el itinerario y el precio de lo que nos va a costar; queremos saber nuestro historial clínico y citas médicas y la aplicación del hospital de turno te lo da en el acto pulsando un botón; queremos hacer una compra online —otra palabreja— y en un clic nos envían la compra a casa… ¿Ventajas? Muchas. ¿Inconvenientes? Muchos. Esos inconvenientes están relacionados con las implicaciones bioéticas del empleo de la ingente e inmensa cantidad de datos personales que pululan en la nube. Hay personas que se dedican a investigar sobre bioética del espacio —escúchese a Ayoze González Padilla: Filosofía y bioética del espacio—, igualmente habrá personas que investiguen sobre la bioética de la nube.

Las implicaciones de la computación en la nube —la ordenación de los datos en un cielo electrónico— van más allá de los contagios entre lenguas y el uso de palabras: el desafío de la seguridad, la prevención de fraudes, el discernimiento de la verdad… Como nos descuidemos, nos quedaremos a verlas venir y volveremos a construir otras barreras más tecnológicas y abstractas, digitales. Ojalá que el avance tecnológico no nos deshumanice, que no sirva tan solo para contar nubes y mermar inteligencias.


Michael Thallium

Contar nubes, mermar inteligencias



Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). Contar nubes, mermar inteligencias. Numinis Revista de FilosofíaÉpoca I, Año 4, (CV166). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/05/contar-nubes-mermar-inteligencias.html

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