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Y que giren veloces los husos

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Y que giren veloces los husos



«Voy a ser un poco sinvergüenza. Yo recomendaría Catulo, el escritor romano… bueno, no era de Roma, sino del norte de Italia. Recomendaría su obra poética, porque se sale absolutamente de los moldes de su tiempo, de todos los tiempos, de su sociedad, del orden prescrito, absolutamente de todo. Y creo que eso es importante: ser lo suficientemente crítico como para saber qué es lo que ocurre en torno a ti», eso fue lo que dijo. De aquella conversación han pasado más de dos meses. Estábamos en su casa, un pequeño piso en un concurrido barrio de Madrid, sentados frente a frente. Me había ofrecido un café que fui apurando poco a poco. Los libros rebosaban los anaqueles; del suelo crecían como hongos rimeros de ellos que desafiaban la ley de la gravedad conformando equilibrios de pirueta de circo. Apenas una semana antes, le acababan de estrenar en el Teatro Monumental su primer concierto para violín y orquesta. Jesús Rueda es compositor y un hombre reservado, introvertido —introvertido en el sentido de que se mira a sí mismo para cumplir la máxima de «conócete a ti mismo»— y muy buen conversador. Cuando le pregunté qué libro recomendaría leer antes de morir, eso fue lo que dijo: Catulo, la poesía de Catulo. 

Soy obediente y suelo seguir las recomendaciones de personas a quienes admiro. No voy a decir que en cuanto salí de su casa me fui directo a una librería para conseguir algún libro de Catulo. Supongo que ese día pequé, eso sí, de pensamiento y omisión: probablemente pensé en comprar el libro, pero omití hacerlo. Doble sentimiento de culpa por querer comprar y no comprar, por querer leer y no leer. Ni lo compré ni lo leí, quizás también guiado por una máxima que me acompaña desde hace algunos años: los libros te encuentran. Así me encontró Dentro de un instante, el libro de aforismos escrito por Jesús Rueda, y me sorprendió comprobar que Jesús no solo compone música, sino que escribe y lee mucho. Parafraseando aquel refrán de Miguel de Cervantes en boca de don Quijote: quien lee mucho y anda mucho, vive mucho. Jesús Rueda es un vividor, porque sorbe la vida silenciosamente, sin molestar, conociéndose a sí mismo o procurándolo al menos.

Eso ocurrió hace más de dos meses, ya lo he escrito. Y no ha sido hasta hace cuatro días que las Poesías completas de Catulo me encontraron. He de explicarlo, porque para que un libro te encuentre han de darse antes toda suerte de volatines y cabriolas del destino. El azar —otro nombre del destino, Emilio Pascual dixit— me trajo a Luis T. Bonmatí hará un mes y medio. Primero fue La llanura fantástica, luego los Cuentos del amor hermoso, después Último acorde para la Orquesta Roja y, más tarde, la Eneida. La Eneida es de Virgilio, pero hay una espléndida traducción en endecasílabos de Luis T. Bonmatí. Yo no he leído a Virgilio, porque no hablo latín; a quien sí que he leído es a Luis T. Bonmatí, quiero decir que las aventuras, desventuras, dichas y desdichas que conozco de Eneas las conozco gracias a Luis T., no a Virgilio. Además, con Luis T. he incumplido otra de mis máximas —y ya van tres con esta; demasiadas máximas para un texto, pocas para una vida—, a saber: no leo traducciones. A ver. Tengo que aclarar algo. No escribo esa T con un puntito para hacerme el interesante ni levantar la envolvente niebla del misterio sobre Bonmatí. La T. proviene de Trinitario. Así que su nombre, ¡toma ya!, es Luis Trinitario, un nombre nada inusual en Catral, el pueblo levantino donde nació Bonmatí. Hasta donde los anales del cotilleo llegan, parece ser que su abuelo se llamaba Trinitario y que luego vino un tío suyo con el mismo nombre, y dos primos también. Quizás la madre de Bonmatí pensara que después de él vendría una niña y, para que no se perdiera el nombre de su padre, le endiñó a Luis el de Trinitario. Sin embargo, la madre de Bonmatí nunca tuvo una niña. Así que cuando nació el siguiente hijo después de Luis, le puso directamente Trinitario. Son tres hermanos. Como hay tantos Trinitarios en la familia, suelen abreviarlos como Trinos. Quien vaya a Catral y pregunte por los Trinos, probablemente terminará leyendo La llanura fantástica.

Vuelvo, que siempre me desvío. Decía que hace cuatro días me encontraron las Poesías completas de Catulo, pero no porque anduviese yo buscando a Catulo, sino a Luis T. ¡Qué casualidad!, me dije, ¡voy a matar dos pájaros de un tiro: satisfacer la recomendación de Jesús Rueda y leer a Bonmatí! Y eso hice.

Ya se sabe que cuando se te revela un libro, se te desvelan otros tantos misterios. La edición de la traducción de Bonmatí es bilingüe, es decir, que junto al texto original en latín aparece la versión en castellano. Resulta que las poesías completas de Cayo Valerio Catulo en latín se llaman Catulli carmina… ¡Que me perdonen los entendidos! No había yo asociado ese título con el de una obra del compositor Carl Orff que lleva ese mismo nombre, porque a Carl Orff todo el mundo lo conoce por el O Fortuna de Carmina burana que puebla las películas de cine, las series de televisión y los anuncios publicitarios. 

Con el filtro prodigioso de Luis T. he conocido al Eneas de Virgilio, ese Eneas que aparece en la conocida ópera —al menos lo es el tristísimo lamento When I am laid que canta Dido antes de morir— de Henry Purcell. Dido y Eneas… Huelga decir que no es lo mismo leer la historia de amor y desamor de Dido y Eneas en la Eneida que escucharla sesgada en la ópera de Purcell. Y con ese mismo filtro prodigioso, poético, de Luis T. he conocido al golfo, sinvergüenza, cruel, humano y profundo Catulo que dice verdades como puños. 

Qué azarosa que es la vida. Quizás tengan razón aquellas tres Parcas hilanderas de la existencia humana que cantaban al unísono en las bodas de Tetis y Peleo: ¡Y que giren veloces los husos mientras tejen la urdimbre del Destino!


Michael Thallium

Y que giren veloces los husos


Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). Y que giren veloces los husos. Numinis Revista de FilosofíaÉpoca I, Año 4, (CV148). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/01/y-que-giren-veloces-los-husos.html

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