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Ecos de ausencias — María Sancho de Pedro

Encabezados
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Ecos de ausencias


Este comentario como todos los que vendrán después en esta sección están hechos para leerlos junto a la playlist que se recomienda paralelamente, disponible pinchando aquí:


La ausencia es el riesgo de la presencia; su contrapartida, su consecuencia inevitable. Ella se materializa sonoramente en los fenómeno del eco y de la reverberación. Ambos fenómenos parecen traer de vuelta un objeto presente, pero en el proceso legitiman y evidencian su ausencia. Aunque se trata de dos cosas distintas, el eco y la reverberación parten de la misma fuente: la naturaleza del reflejo. El conjuro de lo que ha tenido que estar, pero que ya no consigue presentarse. El audio es el clímax de lo que no conseguimos situar materialmente. El sonido vuela por los aires sin aparente materia propia. La música, como eterno fantasma sonoro del que no vemos cuerpo, es el paradigma del anhelo, de la nostalgia, del extrañamiento, del echar de menos.   

Es la condena de la distancia, que Benee abre esforzándose por materializar su objeto de deseo, pero que solo se queda relegado a eso: Wishful Thinking. Ese anhelo infinito no tiene porque ser humano, sino que se puede conjugar en la forma de un piano con el que Rio Romeo generaba melodías que extraña con toda su alma. Elle le llora a su piano, se revuelve en la incapacidad de poder tocarlo e invocarlo para sí.

Humano o no, vivo o inherte, Bill Withers y The Zombies nos recuerdan que el objeto de nuestra ausencia siempre se declina en femenino, porque es aquella otredad de la que no participamos. Es la alteridad que nos apuñala crepuscularmente, arrebatándonos de la luz cálida de su presencia. La voz que gime esta hermenéutica, este texto que nos posee, reverbera en algunos puntos en los que el grito se hace más agudo e insoportable, pero todavía navegante de la melodía suave y analógica que caracteriza a otras épocas. 

Una base sonora se burla de ella en tanto que la efímera canción se transforma en el canto de los Rolling, cuya letra, con una apariencia de indiferencia melódica, nos transporta al significado de la espera. Nuestras entrañas solo se posan en esa segunda persona del singular o del plural tan ambigua que se desoculta en el inglés: ese miss you, al que James Hersey suplica que no se marche, que se desnude en tanto que siga con él. Jimena Amarillo  habla desde otro momento: el punto acusatorio en el que se traduce la segunda persona en singular al español, cuando eso ya se ha ido y queremos traerlo de vuelta con la rabia del condicional pospretérito: Tú lo sabrías. 

Pero antes de ello, vemos cómo lo que perseguimos se marcha lentamente como la estación que termina, como la incesante maquinara de hierro que cobra forma de tren que nos abandona, Se va, porque vuela «tan deprisa como vuelan los domingos». Supersubmarina nos hiere recordando la distancia de lo que se aleja y su desdén ante el sujeto que lo echa en falta: nos deja sin señal, sin luz —Ain’t no sunshine—, todo en tinieblas, todo quieto y todo frío. La espera ya se dibujaba como otro eco en los gemidos en falsete pronunciados por Mic. Y esa expectativa eterna solo puede realizarse en soledad, en tanto que todos aquellos otros nos amenazan con su presencia nos recuerdan todavía más aquello que no podemos alcanzar. 

Es el abandono propio de quien pierde el autobús, como nos recuerda Gentle Giant, esa clausura en la subjetividad misma que permite sumergirte en la experiencia estética del echar de menos. Y es en esa subjetividad apremiante donde la experiencia del tiempo se hace más profunda, más inmersiva. Pesa, pesa como una existencia en la que lo vivido cada vez es más amplio que lo queda por vivir: es un tiempo que «no ha de volver, porque el tiempo es historia». Una temporalidad que nos hiere porque también se anhela su no-existencia, lo que ya fue, lo que ya pasó. 

Nos acerca al futuro pasado: al no ser, a la muerte, que temporalmente viene a por todos nosotros, con su gracia mientras nos resquebraja las entrañas de la mano de los quejidos de Jeff Buckley. Y la muerte nos transporta a ese primer mundo, como predicaría Pascal Quignard, un primer y último mundo en el que el lenguaje muere, y solo nos mece la tierna y triste melodía que encarna Jonh Coltrane y que cierra, termina, este breve comentario musical, esta sucinta experiencia sinéstesica, en la que las palabras colaboran con lo que el sonido calla, y la música nos envuelve para completar lo que el lenguaje no alcanza. 


María Sancho de Pedro

Ecos de ausencias


Bibliografía

  • QUIGNARD, PASCAL. (2018) El origen de la danza, Interzona
  • SANCHO DE PEDRO, MARÍA. (2022). El fantasma sonoro. Numinis Revista de Filosofía, Año 1, 2022, (CL7).
  • ZAMBRANO, MARÍA. (2022) Claros del bosque, Cátedra.


Cómo citar este artículo: SANCHO DE PEDRO, MARÍA. (2023). Ecos de ausencias. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 2, (PL1). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2023/07/ecos-de-ausencias-maria-sancho-de-pedro.html 

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