Latest courses

He pensado y hasta aquí he llegado

Encabezados
Print Friendly and PDF


He pensado y hasta aquí he llegado


«Todo lo del hombre natural está, por fisiología y anatomía, confinado 

a esa reducidísima franja de colores —una octavilla de vibraciones—

o a franjas equivalentes de sonidos, presiones, temperaturas. En tales franjas 

la mente natural vive; y de ellas saca, abstrae, sus conceptos.» 


Juan David García Bacca



Si la mente no transciende la naturaleza ni la finitud, queda encerrada en una ínfima franja cognitivo-sensitiva. Pero la mente se evidencia transfinita y transnatural porque se evade de esa encerrona construyendo un universo que va conociendo por medio de todas las teorías físico-matemáticas… Dicho en castellano llano: la mente nos lleva más allá de la realidad que nos ofrecen los sentidos. Aunque no los veamos, hay millones de colores, millones de sonidos que nos pasan inadvertidos, pero que hemos llegado a descubrir. Su existencia parece no afectarnos. Lo que vemos, oímos, gustamos y sentimos es una franja tan ínfima del universo que si no fuera por la imaginación y la intuición, nuestras vidas serían más parecidas a las de un tigre, una gallina o una lagartija: nacer, alimentarse, reproducirse —con suerte— y fenecer. Los seres humanos somos la única especie que ha logrado entretenerse entre el nacimiento y el fenecimiento. Sí, nos alimentamos y nos reproducimos, pero no nos basta con eso; queremos darle un sentido a nuestro proceso de degradación biológica. Y con esa búsqueda de sentido, transformamos una realidad que, de otra manera, sería más natural, pero menos humana…

Precisamente esa mente capaz de explorar el infinito es la misma que me hace postergar ciertos quehaceres hasta el último momento; es la misma que se inventa otros quehaceres inútiles para evadirme de la realidad productiva —la que me da de comer—, a saber: ¿que tienes que prepararte unas clases de Estética y Filosofía de la Música o de Historia de la Música?, vete a comprar las partituras de los seis primeros cuartetos para cuerda —la opus 18— de Ludwig van Beethoven y ponte a transcribirlos; o vete a una cafetería a perder el tiempo escribiendo en un cuaderno de notas; o vete a dar una vuelta por el Rastro para tomar un café en una tasca con Marcos «el Caco» o buscar libros que luego no lees… Todo, todo, todo para no sentarme a hacer lo que tengo que hacer. Mañana, mañana.

Seguro que la culpa la tienen todos esos elementos que están fuera de mi rango de percepción, esos de los que antes he dicho que pasan inadvertidos y no nos afectan. ¿Y si lo hicieran? ¿Y si realmente nos afectan? No verlos, no oírlos, no sentirlos y, sin embargo, padecerlos inadvertidamente. Sí, sí, definitivamente, la culpa de mi procrastinación la tienen todos esos elementos que la mente es capaz de lucubrar: las ondas electromagnéticas, los colores infrarrojos, los ultrasonidos, los fotones, el bosón de Higgs, la materia oscura, el infinito… Todos ellos son los verdaderos culpables de que deambule por las calles de Madrid en busca de libros imposibles en lugar de sentarme a facturar.

Miro mi mesa desordenada, llena de papeles, algún que otro dispositivo electrónico y unos cuantos libros —todos ellos empezados, ninguno terminado de leer—: Politische Oekonomie de Johannes Conrad, Historia de la música occidental de Donald Grout, La perfecta casada de fray Luis de León, Merlín y familia de Álvaro Cunqueiro, La música española en el siglo XX de Antonio Fernández-Cid, los Cuartetos opus 18 de Beethoven —cuya transcripción también he procrastinado—, Infinito Transfinito Finito de Juan David García Bacca y Un español en el mundo: Santayana de José María Alonso Gamo… Estos dos últimos me han mantenido ocupado especialmente en las últimas horas, no ya por el tiempo que me llevó encontrarlos, sino porque realmente son la razón última por la que ahora escribo. El primero se lo compré a un particular a cuyo domicilio acudí; el segundo, en uno de los puestos de la Cuesta de Moyano. 

El libro sobre Santayana me llamó la atención por su autor. José María Alonso Gamo fue un diplomático, poeta, ensayista y crítico literario con una obra muy extensa. Conoció en persona a Jorge Santayana y guardaba una estampa que el gran filósofo y literato siempre había llevado en el bolsillo. Era una estampa de San Juan de la Cruz en cuyo dorso Santayana escribió de puño y letra la traducción al inglés de una frase del místico de Fontiveros: «A single human thought is worth more than all the world, and so God alone is worthy to be its object».

Un mero pensamiento vale más que el mundo entero… No sé. He pensado y hasta aquí he llegado.


Michael Thallium

He pensado y hasta aquí he llegado


Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). He pensado y hasta aquí he llegado. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4, (CV188). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/10/he-pensado-y-hasta-aqui-he-llegado.html

Numinis Logo
UAM Logo
Lulaya Academy Logo

Licencia de Creative Commons
Esta revista está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

No hay comentarios:

Publicar un comentario