

Aquellos felices años 20 vieron nacer a cuatro mujeres humanistas e innovadoras
Pilar Úcar Ventura
Universidad Pontificia Comillas
Copas de champán brindando por una bonanza económica, brilli brilli, cuentas de collares que se mueven al compás de los flecos de flappers, charlestón y jazz hasta altas horas de noches inacabables, caprichos sin medida, tacones y bufandas de seda, muñequitas risueñas, y varones impetuosos, apoteosis y efusión, el mundo es un carrusel en pleno frenesí, euforia, locura y carcajadas a raudales… corren unos tiempos felices y prósperos, son los años 20. Alejados de la memoria, los estertores de una guerra mundial, la Primera: el lujo y el oropel, la frivolidad y el celofán, vanidades rutilantes se instalan en muchos países entre 1922 y 1929; mejor no mentar esta última fecha, funesta y fatídica. Se hace añicos el caleidoscopio multicolor, se resquebrajan los espejos cóncavos y convexos que todo lo desfiguran y, de bruces, llega la realidad, cruda y doliente que lacera almas y vidas.
En la
década de los «roaring twenties, années folles, goldene zwanziger Jahre» nacen
nuestras protagonistas, cuatro mujeres insignes y lúcidas y… que de haberse
conocido entre ellas, habrían revolucionado la posteridad que les aguardaba. Pero
algo hicieron y no poco, cada una por su cuenta, con riesgo, sin temor y
decididas: Katharina von Arx fue una periodista, escritora y dibujante suiza;
Elaine Floyd, una galesa científica y pionera feminista de su país; Mahasweta Devi, novelista
india, altavoz de la discriminación contra los pueblos tribales y Fatima
Ibrahim, maestra sudanesa, defensora activa de los derechos de la mujer. Son
cuatro, como los mosqueteros, pero fueron muchas más.
Las
cuatro comparten década de nacimiento en países alejados, con su propia
idiosincrasia; hijas de su época y extrañas en la misma; insólitas, visionarias
y brillantes, auténticos versos sueltos que podrían configurar un poema de
trabajo, empeño y esfuerzo, superación de dificultades y huella indeleble en la
historia de la humanidad.
A
Katharina von Arx, hoy la definiríamos como una poliartista, viajera incansable y autora de libros que describen mundos
utópicos… ¿por qué será? Quizá el suyo propio no le convencía y pretendió
cambiarlo desde su particular visión, anticipada a nuestros días pues a lo
largo de su vida demostró una fuerte implicación en el crecimiento de las
ciudades, y a través de su trabajo consigue aunar las diferentes formas de
arte; rompedora y arriesgada. Nace en 1928 cerca de Zúrich y desde pequeña
desplegaba una gran actividad, siempre atenta a las historias que le contaban o
las que oía. Curioseaba y le interesaba todo. Graduada en Comercio, su acomodo
familiar y el desahogo económico que disfrutaba, le permitieron desarrollar dos
de sus principales sueños: aprender a dibujar y viajar. Y así lo hizo. A sus 25
años comenzó una travesía a lo largo y ancho del mundo; sin remilgos, se
lanzaba a cantar melodías folclóricas de su suiza natal para obtener dinero y
continuar la travesía; a la vez que se ofrecía a traducir o a pintar allá donde
se encontrara y así diseñar su propia trayectoria vital y profesional. Nómada,
saltaba de uno a otro lugar, independiente y resuelta: viajera intrépida que
aprendía y disfrutaba; dueña de sus paradas y de sus acciones. Su escritura
adopta tintes de periodismo avanzado para una mujer decidida a publicar todas
sus experiencias. Se siente muy atraída por lo diferente e inhóspito del
hemisferio norte europeo y siempre le acompañan cuadernos donde consigna
apuntes y notas y lápices con los que realizar dibujos… sin parar. Que todo
quede grabado en páginas expresivas, que todo se imprima en imágenes plásticas.
Hasta su muerte en 2013. Casada con el periodista y fotógrafo
Freddy Drilhon, a quien conoció en las Islas Tonga, juntos emprenden la idea de
restaurar un edificio medieval, la Maison du Prieuré, localizada en una
pequeña ciudad de Romainmôtier en su país de origen. Antes de su
demolición, la compraron y la convirtieron en lugar habitable donde crecería la
hija de ambos. Lugar olvidado y destartalado, de una longeva y aristocrática
historia, se salvó de la ruina gracias al denodado esfuerzo de la escritora por
preservarlo: hoy está considerado patrimonio nacional. Allí moriría la artista.
Entusiasta del arte visual, sus grabados e ilustraciones, muy reputados, se
mezclan con sus trabajos escritos, auténticas teselas de una autora
comprometida con la naturaleza, las gentes y sus costumbres. Nehmt mich
bitte mit! Eine Weltreise per Anhalter (1956) y Als er noch da war:
Roman (1983) son algunos de sus títulos.
Un
importante logro que interesa destacar es que consiguió vivir de su profesión
como periodista y sus dos coordenadas se resumen en redactar y dibujar;
sobresalen también, obras de ficción cuya materia se nutría de utopías:
conceptos de un mundo mejor, universos óptimos más allá del terreno tangible
que pisaba y describía. Alentaba un futuro lleno de ilusión y solidaridad. Fue
premiada y aplaudida, defendía el talento que toda persona lleva impreso.
Asustada por el aumento desmedido de las urbes, admiraba el poder creativo del
ser humano reflejado en la arquitectura. Promovió el proyecto textil de
diferentes artistas, Histoires des villes:
una colección de 20 piezas testimonio de la variedad y diversidad humana.
Tal
vez en uno de esos viajes que emprendió hubiera podido coincidir con Elaine
Floyd, nacida en Gales en 1920, todo un ejemplo de periodista transversal con importantes contribuciones a la
antropología, pero no reconocidas del todo en la actualidad. Una cuenta
pendiente de la cultura de nuestros días dada la calidad literaria de sus
populares guiones adoptados para
televisión, basados en obras dramáticas, así como importante autora de títulos
clave sobre la biología evolutiva y la antropología. Nació en 1920 y destacó
por su ideología de claros tintes sociales. Muere a los 92 años de edad.
Fue columnista del Western Mail cuya
tribuna le sirve, sin duda, de plataforma para ejercer y desarrollar un
feminismo férreo durante unas décadas difíciles para visibilizar el papel de la
mujer en su país, lastrada a un lugar minoritario de segundona impenitente. Se afanó durante gran parte de su vida en el
estudio, profundo y esmerado, de los orígenes del ser humano y hoy se recuerda
la conocida «hipótesis del simio acuático», reflejada en títulos como Eva al desnudo, El mono acuático, Las cicatrices de la evolución, El
origen del niño, La hipótesis del simio acuático y El
darwinista al desnudo que aparecen
publicados a partir de los años 70. Su producción científica se
caracteriza por un rigor encomiable, muy alejado de posturas diletantes o de
mujer curiosa y aficionada: trata dichos temas, en apariencia reservados al
gremio masculino, desde un punto de vista objetivo, perspicaz y con un estilo
muy cuidado y preciso, como
una auténtica paleontóloga cuya heterodoxia la convertían en blanco fácil de
desaires ajenos y pésimas críticas: muy previsible todo, muy rancio y casposo,
propio de aquellos años. No deja de sorprender su escritura camaleónica,
capaz de enhebrar sesudos contenidos y otros de carácter más divulgativo según
objetivo, intenciones y público al que se dirigía; combinaba sus colaboraciones
mediáticas con sus aportaciones más especializadas en una suerte de trabajo
imparable. No resulta difícil imaginar que su temperamento díscolo en cuanto a la aceptación a
ciegas de teorías conservadoras y tradicionales respecto de la paleontología,
sin ponerlas en tela de juicio, le haya valido el oscurecimiento de su obra
frente a los éxitos alcanzados por sus títulos de mayor fama popular, como el
logrado al «escritor del año» concedido por la Royal televisión Society en
1979. Elaine Morgan fue una mujer polifacética que imparte conferencias,
elabora entrevistas, transmite opiniones y comunica, sobre todo, eso: una gran
comunicadora ahora que se lleva tanto, ella fue una visionaria del «¿nuevo
género?»; merecedora de numerosas distinciones
honoríficas y académicas emitidas por distintas universidades internacionales.
Fue nombrada Oficial de la Orden del Imperio Británico. Se recuerdan con
aplausos actuales los títulos: The Waiting Room: A Play for Women in One
Act (1958),
The Soldier and the Woman: A Play in One Act (1961) y Licence to
Murder: A Play in Two Acts (1963) entre otros muchos.
Tampoco
sería de extrañar que entre sus más fieles colegas se encontrara la novelista
india Mahasweta Devi, auténtico
altavoz ante la discriminación en su país de los pueblos tribales, pertinaz
defensora de los derechos de los oprimidos, fuente de inspiración de su
producción literaria. A lo largo de su vida ejerció de lideresa intelectual ya
que se implicó contra la política industrial del partido comunista de la India. Nació en 1926 en la ciudad de Daca, capital de
Bangladesh. Sus padres, escritores los dos muy reconocidos, la educaron en un
ambiente de artistas e interés por la cultura, sin olvidar el compromiso social
del que toda la familia hacía gala, convencidos de su responsabilidad personal,
humana y profesional; todo ello contribuyó a modular el carácter de la joven
desde edad temprana hasta su paso por la Universidad de Calcuta. Personalidad
sensible y perceptiva, siempre estuvo muy implicada con la sociedad de su
región, viajó por todos los rincones para recopilar canciones tradicionales que
plasmaba en sus relatos, como por ejemplo en el título: Jhansir Rani del año 1956. Se interesaba por su forma de vida, sus
costumbres y se hacía eco de la identidad doliente de los seres humanos que
padecían injusticias y no se resignaban al abatimiento.
Ejerció como profesora de
universidad y periodista, estudiosa de la situación marginal de las mujeres y
de los descastados, describe
intensamente las impresiones de la opresión de los intocables por las castas superiores. Conoció de primera mano los
pueblos Lodhas y Shabars de Bengala Occidental y enarboló el paradigma de lucha
social y justicia para todos de forma ecuánime: ejerció presión y creó
corrientes ideológicas de opinión en contra de los abusos que padecían los más
desfavorecidos. Admirada y seguida por un nutrido grupo de intelectuales de
gran influencia en unas décadas difíciles y controvertidas para hacerse oír.
Nunca se amilanó por las
dificultades y lo mismo trabajó de vendedora que de amanuense epistolar para
personas analfabetas. De su primer matrimonio nació Nabarun Bhattacharya, famoso novelista y crítico
político; tras su divorcio, se casó en segundas nupcias con el escritor Asit
Gupta. Comienza a publicar colecciones de relatos breves a partir de los años
setenta y ochenta, entre las que destacan: Agnigarbha (1978), Murti (1979) y Stanyadayani (1980).
Se han realizado producciones fílmicas de diferentes episodios de su vida,
siempre atractiva, siempre ejemplar.
Premiada por su relevante labor
social y por el alcance internacional de su obra en prosa, tanto novelas,
narraciones cortas como títulos teatrales. En 1999 es nombrada doctora honoris
causa por la Universidad Nacional Abierta Indira Gandhi. Ya en nuestra centuria recibe el
reconocimiento Padma Vibhushan, la
segunda distinción civil más importante concedida por el gobierno de la India.
Los últimos años de su vida se vio aquejada por diferentes enfermedades que
provocaron un ataque cardíaco cinco días antes de su muerte el 28 de julio de
2016, en Calcuta a los 90 años de edad. Los homenajes a tan insigne mujer no se
hicieron esperar, no solo de seguidores anónimos de su obra social y literaria,
sino también por parte de autoridades gubernamentales. Para todos, una mujer
singular y compasiva, inteligente y generosa. Igual que lo fue Fatima Ibrahim,
maestra y escritora sudanesa, pionera en la defensa activa de los derechos de
la mujer. Otra fémina más consciente del papel y de la posición de sus iguales,
que luchó por dar el lugar social que la mujer debía ocupar en la realidad de
su país; periodista y maestra, en su obra, aboga por la educación de la
infancia, futuro activo del desarrollo de Sudán. Nació en la ciudad de
Omdurmán, posiblemente en el año 1929 (fecha sin concretar). De familia
universitaria, la cuarta de ocho hermanos. Su abuelo, imán de la mezquita de su
barrio, y su padre, profesor, se negó a impartir las clases en inglés durante
el colonialismo anglo-egipcio. Desde muy joven mostró inquietud y actitud
férreas en apoyar a las mujeres de su nación, y a la infancia; comenzó fundando
el periódico Chicas pioneras (firmaba con seudónimo). Lideró la primera
huelga de mujeres al decidir el gobierno la supresión de la asignatura de
ciencias para las estudiantes y proponer la de «ciencia familiar». Más
adelante, su padre le prohibió asistir a la universidad de Jartum.
Contestataria
al papel que la administración británica y las propias familias asignaban a las
féminas, creó la Asociación de Mujeres Intelectuales, embrión de la Unión
Sudanesa de Mujeres para defender el derecho al sufragio de las mujeres, su
presencia en distintos foros políticos, legislativos y ocupar cargos ejecutivos
en las empresas, dirigidas por hombres. Dicha organización se afanó
denodadamente por la igualdad de salarios entre hombres y mujeres, conseguir
una formación técnica adecuada para todos y paliar el analfabetismo femenino. Todo
su ideario quedaba reflejado en la revista La voz de las mujeres,
publicación esencial en el desarrollo de las medidas gubernamentales.
Se
afilia al Partido Comunista de Sudán, el único que admitía mujeres en sus filas
y en la década de los años sesenta llega a ser la primera mujer diputada. Junto
con su marido, beligerante líder comunista, formaban un tándem perfecto de
activismo ideológico, hasta que las convulsiones de los acontecimientos
políticos en Sudán provocaron la ejecución de su cónyuge y ella sufrió arresto
domiciliario, obligada a abandonar la pequeña librería que regentaba y desde la
que intentaba por todos los medios difundir diferentes y nuevos títulos. En
1990 se instala en Reino Unido, exilio donde desarrolla una importante labor de
oposición como presidenta (primera mujer árabe y musulmana) de la Federación
Democrática Sudanesa de Mujeres.
Continúa
colaborando en numerosos medios de comunicación y escribiendo sobre la función
primordial que debe ejercer la mujer sudanesa en la sociedad. Algunos de sus
libros más destacados: Our Way to Liberation y Arab
Women and the Image of Social Change. A partir de los años noventa es
considerada, de forma unánime, el altavoz de la mujer en todo el mundo árabe.
Reconocida
y premiada internacionalmente, muere a los 84 de edad en Londres. Su funeral,
multitudinario, reúne a relevantes personalidades de la política, de ideologías
opuestas, así como a un gran público popular, fiel conocedor de su trayectoria
vital y admirador de su proyección profesional. Un auténtico homenaje póstumo.
Todavía
se oyen compases de saxofón y entrechocar de copas casi vacías… las puertas de
los clubes se van cerrando y los coches recogen a quienes, ebrios de jolgorio,
salen al frío del amanecer en busca de refugio caliente que acompase horas
perdidas de sueño y ganadas a un tiempo que gritaba fiesta. Por lo que pueda
pasar en un futuro, vivamos el presente… un presente, aquel pasado histórico de
los locos años 20 que fueron protagonistas de 4 nacimientos imprescindibles en
nuestro devenir: Katharina von Arx, Elaine Floyd, Mahasweta Devi, Fatima
Ibrahim, son cuatro pieza insustituible en un puzzle social tan rocoso como
impenetrable y gracias a ellas hoy el mundo es mejor, hoy su vida y su obra
permiten oxigenar la naturaleza y las ciudades, facilitan la comunicación y favorecen
la consecución de derechos humanos, se alienta el progreso, y se practica la
verdad y el humanismo. Buscaron su propio camino y lo allanaron para futuras
generaciones, encontraron soluciones didácticas a conflictos educativos y
despertaron el interés y el deseo de crecer y compartir con los otros, con
todos. Con su existencia fueron una auténtica y genuina inspiración para el
momento en que se apagaron las luces y los sonidos de una década… que se
prometía infinita.
Cómo
citar este artículo: ÚCAR VENTURA, PILAR. (2026). Aquellos
felices años 20 vieron nacer a cuatro mujeres humanistas e innovadoras.
En SERANTES, ARANTXA (Coord.), Mujeres STEAM: Tecnologías para el bien común.
Lulaya Ediciones.


Esta revista está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional























.png)

No hay comentarios:
Publicar un comentario