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La Paloma del Romancero

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La Paloma del Romancero



Ignacio me escribió un mensaje hará unas tres semanas: «Paloma Díaz-Mas es grande. Una sabia como Emilio [Pascual]. Además de magnífica novelista, me gustó mucho un libro dedicado al cocido». Bastó que me nombrase lo del cocido para que me pusiese enseguida a buscar ese libro. Si Ignacio Sanz recomienda algo, es porque es bueno. Fue él quien nos recomendó a Jesús Herrán, a Angelines de la Gala, editores de Valnera, y a mí la lectura del original mecanuscrito de una novela que en 2025 se llevó el XXII Premio Real Academia Española: Cuando el mundo se llamaba Cerralbo, de Ramón García Mateos. Ignacio es un gran lector, un escritor con una larga y consolidada trayectoria y un narrador oral fabuloso —quienes hemos tenido la suerte de escucharlo hablar, lo sabemos bien—. Ahí están sus libros, los más recientes Leandro Liendres y otros relatos de la España vacía y Últimos Robinsones. El caso es que me puse a buscar el libro de Paloma Díaz-Mas al que aludía Ignacio —El pan que como— y, finalmente, lo encargué en La Buena Vida. Por entonces aún ignoraba que tres semanas más tarde terminaría conociendo en persona a Paloma Díaz-Mas y que conversaría con ella en una cueva —una de esas bodegas abovedadas, de ladrillo visto, que menudean secretamente por el centro de Madrid—, la que alberga la librería Sin Tarima que regenta Santiago Palacios.

A Paloma Díaz-Mas llegué por la introducción que escribió a la Biblia de Ferrara que recientemente publicó la Fundación José Antonio Castro. Eso ya lo he narrado en otro lugar. Antes de conocerla en persona, fui conociéndola a través de los escasos libros que he leído de ella: Las fracturas doradas, Breve historia de los judíos en España, Una ciudad llamada Eugenio y El pan que como. Muy pocos si uno echa cuentas de todos los que ha escrito. Por cierto, Ignacio Sanz tenía razón: El pan que como es una verdadera delicia. Aún me quedan pendientes dos: uno que me recomendó la propia autora, Lo que aprendemos de los gatos, y otro del que me habló Emilio Pascual, El sueño de Venecia. ¡Quién pudiera vivir de lo que lee!

Sí, Paloma es sabia. Da gusto conversar con ella —se nota que ha sido profesora durante muchos años— y escribe muy bien. Después de nuestro encuentro —breve, apenas una hora y media— marché en busca de otro libro que acaba de publicarse en la Biblioteca Clásica de la RAE: Romancero. Es una edición y estudio —gratis et amore— de Paloma, quien ya publicara el Romancero hace más de treinta años en la editorial Crítica —hoy inencontrable—. El de la RAE está mucho más ampliado, porque en estos treinta años han salido muchos estudios y han aumentado los recursos. El libro tiene casi 900 páginas de papel ahuesado y fino. Consta de una breve presentación, del romancero propiamente dicho, de un estudio y anexos —que hacen honor a esa caudalosa corriente poética que es en sí mismo el romancero—, de unas notas complementarias, de una extensísima bibliografía —que incluye recursos de internet donde pueden escucharse los romances—, un índice de títulos y primeros versos, un índice de notas y, por último, una tabla que refleja la estructura del libro. ¿Por qué leer Romancero cumplido ya el primer cuarto del siglo XXI? A esa pregunta Paloma respondería que hay que leerlo porque ya no se canta… y yo añadiría que también hay que leerlo en voz alta. 

A cada libro llega uno como puede y cuando puede. Yo he llegado a él por el azar que es otro de los nombres del destino —Emilio Pascual dixit—. Ya lo he escrito antes: cuando terminó el encuentro con Paloma, me fui en busca del Romancero. Tras un par de infructuosos intentos en un par de librerías, me aseguro de que la información que aparece en Todos tus libros se corresponde con la realidad: muchas veces un libro aparece disponible en tal o cual librería, luego vas allí y te dicen que no, que es un error, que no lo tienen. Llamo a una librería donde según Todos tus libros lo tienen, para no darme el viaje en balde: no, aún no les ha llegado. Finalmente, lo intento en Espacio Dykinson. Llamo. Al otro lado del teléfono suena una voz femenina en tono coloquial que me confirma que sí, que el libro está ahí. Le respondo que llego en veinte minutos. Me acerco a la librería. La voz femenina del teléfono resulta ser una mujer de no más de treinta años, filóloga, con una sonrisa preciosa. Hablamos. Me cuenta que tiene un máster para dedicarse a la docencia, pero que no le gusta. Por eso trabaja en la librería. Le encanta el romancero y la música de Joaquín Díaz, pero también le gusta muchísimo el punk. Le respondo que, ahí donde me ve, aunque escuche mucha música clásica, a mí me encanta Ronnie James Dio… El punk y el heavy no son lo mismo, pero nos entendemos. En su cabello oscuro se entrevén algunas canas que no se tiñe. ¿Símbolo de resistencia a la presión social? Me dice que eche un vistazo en internet a Pan-Hispanic Ballad Project, una web de la que no había oído hablar —más tarde descubriré que aparece en la bibliografía de Romancero—. Se llama Mónica. Me vende el libro. Yo se lo compro. O quizás sea al revés: yo le compro un libro que probablemente no pensaba vender. Salgo de la librería rumbo a casa. Cuando llego, hojeo el libro… En esas páginas aletea el espíritu de una paloma: la Paloma del Romancero.


Michael Thallium

La Paloma del Romancero



Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). La Paloma del Romancero. Numinis Revista de FilosofíaÉpoca I, Año 4, (CV156). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/03/la-paloma-del-romancero.html

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