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El ignorante vicio ideológico

Encabezados
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El ignorante vicio ideológico



Una ideología solo se sostiene en la más estricta ficción. 

Siempre afloran grandes ideólogos que dicen saberla y practicarla, 

pero cuyo resultado es la más real de las hipocresías.



Los mecanismos de manipulación son bien conocidos, pero más tarde o más temprano todos picamos en el cebo del anzuelo político. Hay políticos que pescan adeptos con caña y sedal —ardua y paciente tarea, poco rentable—, pero la mayoría, dada la cada vez más ingente cantidad de bancos de individuos con escaso pensamiento crítico —y pensamiento crítico no es criticar ni quejarse, sino más bien saber discernir—, utilizan redes de arrastre. Y con ellas arrastran al barco de los partidos políticos a cientos de miles —incluso millones— de personas que ven con complacencia cómo luego los destripan y congelan para venderlos en el supermercado de la democracia. Decía que los mecanismos son bien conocidos; el más evidente, convertir al adversario en enemigo hablando de él de forma impersonal y en plural. «¡Nos roban el empleo!», «¡No pasarán!», «¡Quieren que…!», «Están…», «Bloquean…» y otros tantos centenares de consignas de uno y otro bando. Nada nuevo, por cierto: lleva haciéndose durante cientos de años. Lo que molesta ahora es la intensidad, la replicación mediática y la asunción, por parte del político, de que los individuos que arrastra la red ideológica son etimológicamente idiotas. [Nota: ‘idiota’ proviene del griego antiguo ἰδιώτης (idiōtēs), que significaba persona privada o particular ajeno a los cargos públicos o a la política.]

Tengo un sesgo cognitivo que me lleva a asimilar injusta o falsa cualquier causa de la que se abanderen las cadenas televisivas o medios de comunicación —y, por ende, hago caso omiso de ella—. Es un sesgo y, como tal, puede llevarme al error, pero prefiero acogerme a ese escolio que Nicolás Gómez Dávila escribió hace más de cinco décadas: «En un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora». La política es cada vez más publicidad y mercadeo orientados a la confrontación. ¡Cómo, si no, se va a hacer notar un cabecilla político para que le hagan caso! ¿Con argumentos racionales y comprobables? ¡Ni hablar! Abandere usted una causa, utilícela para que le voten y luego proceda según  más le convenga. En España vamos a poder comprobarlo en las próximas semanas hasta que, como mínimo, lleguen las elecciones generales. ¡Causas vendo y para ti las tengo! Los partidos políticos, que en España representan las ideologías, son como los equipos de fútbol. Si eres de uno, da igual cómo lo haga… ¡Viva er Betis manque pierda! Se puede silbar y abuchear al entrenador, al delantero, al portero o al defensa, pero, ¡ojo!, como alguien de otro equipo se meta con el tuyo, se rifan hostias y el contrario lleva todas las papeletas.

Como ningún político quiere voluntariamente apartarse del poder —las excepciones son eso, excepcionales—, habría que delimitar por ley que una misma persona no pueda estar al frente del gobierno de un país por más de dos legislaturas seguidas. Quien evita la tentación evita la corrupción. Si no hay cantera dentro del partido político para encontrar sustitutos y renovación, a lo mejor es que lo que falla es el propio partido. Una prueba más de que lo que les importa a los cabecillas de los partidos es el poder, no el servir a los demás.

Ya nos hemos acostumbrado a la preferencia o militancia política por reducción al absurdo: que usted prefiere la tradición frente al cambio constante o defiende el cumplimiento estricto de las leyes y las fronteras, entonces usted es un «facha»; que usted prefiere el cambio y la transgresión de ciertas leyes y fronteras, entonces usted es un «progre». O esto o lo contrario. Pero, oiga, mire, que yo soy ezquerreko abertzale y tengo un pequeño apartamento que heredé de mis abuelos y lo tengo alquilado a unos inmigrantes y, oiga, mire, que no quiero una ley que ahora me obligue a tenerlos ocupando la vivienda porque están en situación de vulnerabilidad… ¡No, no, no! Usted no es un ezquerreko abertzale, que lo sepa, usted no es ni siquiera ya un facha, ¡usted es un insolidario buitre sin fondo!

¿Solución? Ninguna pacífica mientras la mayoría de nosotros sigamos siendo no ya idiotas, sino etimológicamente estúpidos, y caigamos en la red de arrastre del ignorante vicio ideológico.


P. S.: En un mundo en el que los agentes de inteligencia artificial están sustituyendo a las personas, al individuo solo le queda discernir y mirar con ojos de artista para ver más oportunidades de crear que de destruir.


Michael Thallium

El ignorante vicio ideológico



Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). El ignorante vicio ideológico. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4, (CV185). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/10/el-ignorante-vicio-ideologico.html

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