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A ninguna mujer le gusta ser heterosexual Reseña musical: This music may contain hope (2026), RAYE.

RESEÑAS

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A ninguna mujer le gusta ser heterosexual.

Reseña musical: This music may contain hope 

(2026), RAYE.

Águeda Rodríguez

 

Quiero decir, muchas mujeres hetero reconocen lo peligrosa que es la masculinidad hegemónica y predominante. Raye es una de ellas y en la obra musical que comento explora esta cuestión y se pregunta por la esperanza en la experiencia de la mujer que desea el romance con un sujeto masculino. Todavía inscrita en el esquema hetero-binario, la artista ofrece un conjunto de canciones caracterizadas por el dramatismo, el humor y la ironía, sin renunciar al tono crítico. Una vez más, abandona cualquier forma rígida y atraviesa distintos géneros —si es que todavía podemos hablar en estos términos—, arquitecturas musicales de enorme complejidad y una versatilidad vocal remarcable. Con estos recursos, Raye plantea escenarios y pensamientos que resuenan con mucha fuerza en el romance hetero-contemporáneo[i], sobre todo, incide en dos problemáticas que llevan mucho tiempo preocupando a las mujeres: la idea de que debemos de compensar las carencias emocionales de la masculinidad y el problema de la sexualización de nuestros cuerpos. No es novedad lo desesperanzadora que resulta la experiencia hetero en el clima actual, reconocer esta realidad también obliga a preguntarse por nuevas formas de deseo, la descentralización de la figura romántica e imaginar otros modos de vincularnos.

El hombre como parásito emocional o el romance interesado son dos fenómenos de la experiencia hetero a los que se refiere la artista en Beware… The South London Lover Boy y The WhatsApp Shakespeare; canciones interpretadas desde el humor pero que esconden realidades poco divertidas. Por un lado, en el amante del sur londinense describe un sujeto masculino descarado y egoísta. La seducción no consiste en la expectativa de intimidad y creación de un vínculo, sino en abusar de la ternura femenina: «no busca un corazón sino un cojín en el que descansar». Dado que la masculinidad hegemónica entiende el poder como la ausencia de vulnerabilidad, lo que inevitablemente deriva en una inteligencia emocional pobre, el sostén de la mujer es percibido como un rasgo necesario en la relación hetero. La cuestión es que ella no espera recuperar su energía emocional. Dar y no recibir, señala Sandra Barthky (1990), es únicamente la confirmación de la supremacía masculina y un medio para privar de poder a la mujer. Cada vez son más comunes las réplicas a las conductas rígidas de la heterosexualidad: el hombre paga en la primera cita, verbaliza el inicio de la relación y compra el anillo para comenzar a planear la boda. Los reproches a estos comportamientos pueden ser justos según el color del cristal con que se mira, pero cabe preguntarse si muchos de esos hombres reconocen que, a cambio de pedir salir a una mujer, ella está arriesgando toda su fuerza emocional[ii].

El precio a pagar por las carencias afectivas es bien alto, señala Raye en The WhatsApp Shakespeare. Una canción en la que cabe señalar la densidad y la superposición de capas, además de su originalidad poética. Durante toda la pista se superponen dos planos sonoros. El primero activa la sensación de misterio y peligro por medio de sintetizadores y disonancias entre la voz y el acompañamiento. El segundo introduce un patrón rítmico estable cercano al pop y R&B contemporáneos que proporciona una falsa sensación de seguridad mientras la tensión del primer plano permanece. El personaje masculino shakesperiano es vulnerable e impulsivo, profundamente leal a su amada, representaciones como esta participan en la construcción del deseo de la feminidad hetero. La idealización de la figura masculina basada en ficciones ha generado un desajuste en las expectativas de las mujeres y la masculinidad real. La letra señala que no es una ensoñación o un delirio femenino, los actos románticos son reales, la demostración de afecto ocurre, pero es un escaparate o medio para otros fines. La ternura, que es construida en el proceso de socialización de las mujeres, se vuelve a demostrar como un rasgo peligroso para estas en el esquema hetero, dice Raye con tono dramático: «mi madre lloraba al fantasma de su hija». El afecto o la sensibilidad que caracteriza al sujeto femenino no es un rasgo negativo per se, solo en tanto que es creada y utilizada en su contra para obtener poder y placer. Esta no es una idea nacida en la modernidad, sino que lleva con nosotras mucho tiempo, autoras como Mary Wollstonecraft (1792) ya criticaron duramente el ideal femenino dócil y dulce[iii]. Aun así, como advierte Raye, hay que estar alerta porque este pensamiento ha conseguido adaptarse a la contemporaneidad y a las formas que toma la feminidad en el presente.

En ambas canciones Raye avisa: «ten cuidado con el amante del sur londinense» o «Julieta, huye». Detrás de las letras divertidas, la narración novelística y el canto teatralizado, hay una preocupación real por el bienestar de las mujeres hetero. «Esto es el salvaje oeste para una mujer soltera como yo», canta en Skin & Bones, y es que la masculinidad hegemónica y la vigencia del poder masculino son difícilmente compatibles con el afecto y la erótica. Manteniendo el registro de cabeza prácticamente toda la canción, que recuerda a la feminidad hegemónica por ser una técnica común para voces femeninas, problematiza la cosificación del cuerpo. Canta sobre «la audacia» de hacer el amor sin amar a la mujer, y no creo que sea un ataque a los logros de la revolución sexual sino más bien un toque de atención para el contexto hetero, ¿hasta qué punto la libertad sexual y el discurso hedonista han servido a los hombres para continuar reproduciendo la sexualización de la mujer sin hacerse responsables de ello? Comentando este asunto me recordó mi amiga: «el patriarcado siempre se cuela, por eso sobrevive». Autoras feministas, muchas de ellas queer, han señalado cómo la heterosexualidad está gravemente influenciada por el sexismo y la masculinidad (Ward, J. 2020). Esta estrecha relación plantea una enorme dificultad para distinguir entre el pensamiento opresivo interiorizado y el afecto sexual.[iv] «El estándar está por los suelos ahora», canta Raye en el puente, y es que estos problemas han calado demasiado. Hemos llegado al punto de que muchas mujeres conocedoras de estos problemas aceptan conductas misóginas o carencias afectivas de sus propias parejas porque no hay demasiada esperanza de cambio.

Este marco es el que motiva a la artista británica a componer el álbum que hoy comento. El encuentro constante con estas tendencias lleva a Raye a plantearse si hay algo de esperanza para las mujeres hetero como ella, y su duda es perfectamente coherente con la realidad que muchas mujeres viven. En su libro, The Tragedy of Heterosexuality (2020), Jane Ward anima a revisar la cultura hetero y considerar el daño que las mujeres han sufrido y sufren dentro de esta. El desgaste emocional y la sexualización constante en el camino que construye el deseo por el afecto muchas veces causan graves perjuicios a las mujeres, ese es el tema de Winter Woman. Creo que esta es la canción más cercana a la Raye de My 21st Century Blues (2023), aquella llena de rabia y letras incomodas, especialmente por su aparente minimalismo musical y la intimidad que genera el aislamiento de la voz principal. Las segundas voces no tienen letra propia, como en otras canciones, sino que apoyan la importancia de determinadas frases con repeticiones y contribuyen a la densidad sonora con melodías sencillas. Sin embargo, no es una composición minimalista; acumula elementos como bucles (loops) y una producción vocal que saturan el sonido y representan el estado de la protagonista, creando una perfecta consonancia con el álbum. Ella es una mujer desbordada: «el corazón solo puede llegar hasta cierto punto» declara, entonces, aparece el alcohol, el tabaco, la soledad y la apatía. Como resultado de la traición y el cansancio, presenta a una mujer fría que se niega a llorar y sufre sola, incluso se refiere a la evasión —aquella que marcó tanto el álbum de 2023— y bromea sobre estar jugando con Alicia en el País de las Maravillas.

La tristeza y la indiferencia son para Raye el resultado del bucle hetero expuesto y queda representado musicalmente en la voz: expresa el cansancio en las palabras aireadas del canto hablado y el registro agudo que, al contrastar con pasajes melódicos, genera tensión entre el lamento y la indiferencia. Además del dolor, la canción también explora un momento de crítica, pues en la composición aparecen estados de confort como «la vida sigue», mientras el violín interpreta un fragmento del Allegro non molto de «El Invierno» de Vivaldi; o «me recuerdo a mí misma que soy la chica que creo ser», es decir, la esperanza no está en el hombre sino en ella misma. La idea del invierno apela a la finitud de ese dolor agotador, pues aspira a que termine cuando lleguen momentos cálidos.

Me gusta pensar en que no es casual el hecho de que a Winter Woman le siga Click Clack Symphony (en colaboración con Hans Zimmer). Una canción que tiene por base rítmica el sonido de tacones marchando y un arreglo orquestal cinematográfico con la huella de Zimmer por todos lados. Desde luego, una gran producción poco común en proyectos pop como este. A pesar de que en el álbum hay otras pistas que hacen referencia al dolor del desamor como Goodbye Henry o Nightingale Lane, la mujer de invierno es el agotamiento provocado por una forma de violencia estructural. Es muy potente la idea de que a la mujer desbordada le siga un himno a la ternura y a la comunidad femenina como forma de alivio y calidez. La heterosexualidad obligatoria es una institución política opresiva (Rich, 1980), sus guiones no favorecen la libertad de la mujer, sino que tiene por fin sostener la dominación sexista. Es crucial la pregunta que se hace Raye en la canción: «¿soy un producto de todo lo que me han hecho?», en parte sí, pero la ira y la frustración pueden reorientarse (Lorde, 1981/2019) y aprovechar la energía para conformar espacios de resistencia y sostén. La centralización de la pareja romántica, que es un elemento fundamental en la heteronormatividad, contribuye a un aislamiento mayor de la mujer, evitando la posibilidad de sororidad. Por ello, el contacto entre mujeres para generar redes de comunidad —que debe ser interseccional— es crucial, en ella encontramos alivio, comprensión de la otra y reconocimiento de las formas que toma la opresión.

El crítico musical, Andy Hill, escribió: «es un himno al nivel de Beyoncé», cuando revisaba la sexta canción del álbum, Click Clack Symphony, haciendo referencia a Single Ladies (put a ring on it) o Run The World (Girls). Sin embargo, Raye dialoga con un espectro de las experiencias afectivas más amplio, su marco no queda limitado a la autonomía y el poder en términos masculinos. La canción comienza recuperando la soledad y desesperanza de la pista anterior, pero previo al puente aparece la comunidad femenina como respuesta a ese estado desolador. No debe ser ajeno para muchas mujeres ver en las amigas un sostén constante y, sobre todo, seguro. Incluso aquellas que no tienen ese recurso, para nuestra clase ha sido un medio de empoderamiento vernos reflejadas en otras mujeres. Si bien es cierto que Raye apela a elementos de la feminidad hegemónica para representar esa sororidad, como el maquillaje o los tacones, reduciendo peligrosamente su simbología; da en el clavo con la idea de que la amistad femenina no es mera compañía, sino cuidado y afecto. Adrienne Rich (1980) utiliza el término continuum lésbico para apelar a la erótica de la relación entre mujeres en un sentido amplio, una erótica que no tiene que ver solo con lo físico y que nos empodera. Con este concepto la ensayista y poetisa nombra la manera en que las mujeres nos acompañamos de muchas formas que son igualmente satisfactorias y plenas. En la crisis de la heterosexualidad se ha generado un concepto conocido como la «soledad masculina», en cambio, nosotras podemos hablar de conceptos esperanzadores como hermandad, sororidad o continuum lésbico.  

A pesar del agotamiento, el álbum mantiene una postura optimista desde el principio, la primera canción del proyecto lleva por título I Will Overcome, una de mis favoritas, debo decir. En ella no centra el problema solo en las relaciones románticas, ilustra con detalle a una mujer triste y agotada, pero no le niega la capacidad de desear superar ese estado. En la propuesta de Raye queda claramente reflejada la frustración de la experiencia hetero en la mujer, pero me parece muy relevante que para afrontarla no recurra a potenciales parejas, sino que reubica el foco en otras formas de afecto, como hace en Click Clack Symphony, Joy o Fields. Incluso el single con el que comenzó la promoción del álbum, Where Is My Husband!, es irónico y divertido, no trágico y desesperado. El anhelo por la pareja puede seguir existiendo, pero es crucial pensar en formas de habitar el mundo que sean reconfortantes y no tan desesperanzadoras; como bromeaban Elisa Coll y Anna Castillo en Está el horno para bollos: «habría que contaminar la heterosexualidad de lo queer». El heteropesimismo no es una preocupación original de la artista británica, es una denuncia constante en nuestra cultura musical, lo cantaban Madonna en Express Yourself (1989) y Gwen Stefani en Just a Girl (1995); y lo rapeaban Gatta Catana en Lisístrata (tributo II) (2012) y Doja Cat en Aaahh Men! (2025). Hace poco más de un mes Jessie Reyez estrenó el single CRUMBLE, en el que se refiere también a esta desesperanza y la frustración de la mujer hetero.

Una vez comprobado musical, teórica y personalmente que el deseo de sexo provoca grandes gestos de amor y que nuestra ternura impuesta es un lugar demasiado cómodo para la masculinidad hegemónica, creo que puede haber algo de realidad en decir que hay mujeres a las que «no les gusta ser hetero». Durante todo el ensayo pensaba en las palabras de Wittig: «el lesbianismo ofrece, de momento, la única forma social en la cual podemos vivir libremente» (2024/1981, p. 49), quizás algo ilusas, pero esperanzadoras. En cualquier caso, hay otra forma de afrontar esta crisis: expandiendo nuestro afecto. El problema quizás no sea que a las mujeres no les guste ser hetero, sino que la heterosexualidad es muchas veces un lugar hostil y difícil de habitar sin que el deseo se agote. Detrás del tono divertido de Raye, la esperanza no está en el encuentro con el marido perfecto, sino en nuevas formas de comprender el afecto, la comunidad femenina y la redirección de la ternura hacia lugares en los que esté protegida.  

 

Cómo citar este artículo: RODRÍGUEZ, ÁGUEDA. (2026). A ninguna mujer le gusta ser heterosexual. Reseña musical: This music may contain hope, RAYE. - Reseña artística. Numinis Revista de FilosofíaÉpoca I, Año 4. (RA8) ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/08/a-ninguna-mujer-le-gusta-ser.html

 

Bibliografía

BARTKY, SANDRA L. (1990). Femininity and Domination: Studies in the Phenomenology of Oppression. Routledge.

HILL, ANDY. (26 de marzo de 2026). RAYE – This Music May Contain Hope. Clash Magazine. https://www.clashmusic.com/reviews/raye-this-music-may-contain-hope/

LORDE, AUDRE. (2019). Sister Outsider. Penguin Modern Classics. 

RAYE. (2026). This music may contain hope [Álbum]. Human Re Sources.

RICH, ADRIENNE. (2003). Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence (1980). Journal of Women's History, 15 (3), 11-48. Doi.10.1353/jowh.2003.0079.org

WARD, JANE (2020). The Tragedy of Heterosexuality. Sexual Cultures. New York University Press.

WITTIG, MONIQUE (2024). El Pensamiento Heterosexual y otros ensayos. Paidós.

WOLLSTONECRAFT, MARY (2019/1792). Vindicación de los derechos de la mujer (M. Lois González, Trad.).

 

 



[i] Me referiré a la heterosexualidad por centrarse en el encuentro entre los dos géneros del esquema binario, sin embargo, cabe tener en cuenta que la experiencia de las mujeres bisexuales puede reconocerse en algunos de los problemas que se exponen en el ensayo.  

[ii] Sandra Bartky dedica un capítulo a este asunto en el texto Femininity and Domination, el ensayo lleva por título «Feeding egos and Tending Wounds/Alimentando egos y Curando Heridas». Es decir, la feminidad como una tecnología para compensar las carencias afectivas de la masculinidad sin alterar su poder. A fin de cuentas, el problema fundamental es que las mujeres hetero se encuentran con una masculinidad defectuosa que impide al propio sujeto auto-gestionarse en este aspecto. Así, la mujer debe cargar con el peso que provocan las carencias emocionales del hombre (Ward, 2020, p. 8).

[iii] «Un hombre virtuoso puede tener una constitución colérica u optimista, ser alegre o serio, sin reproche, ser firme hasta ser casi opresivo, o débilmente sumiso, no tener voluntad u opinión propia, pero todas las mujeres han de ajustarse, mediante la mansedumbre y la docilidad, a un mismo carácter de sumisa ternura y gentil conformidad». (2019/1792, p. 106)

[iv] El texto de la académica americana consiste en problematizar el encuentro entre dos sujetos que son tan diferentes que parece demasiado complicado lograr que compartan vidas plenamente satisfactorias. Además, la propia comunidad hetero insiste en reproducir y remarcar esa diferencia entre géneros que, en vez de acercarlos, los aleja; es la misma normatividad la que crea una relación tóxica entre mujeres que desean hombres y hombres que necesitan mujeres por motivos conflictivos. Todavía queda mucha labor de reparación y reforma sobre: la sexualización del cuerpo femenino, los regímenes de disciplina estéticos, la violencia sexual dentro de la pareja, incluyendo los casos de violación gris o el problema de la articulación del consentimiento, y un muy extenso etcétera. Sin embargo, Ward reconoce como uno de los problemas fundamentales la lujuria, el descontrol del deseo sexual. Tal y como lo expone la autora, el problema consiste en desarrollar una heterosexualidad basada en que a los hombres les gusten realmente las mujeres (deep heterosexuality). Para ello, realiza un diagnóstico queer y toma el lesbianismo como ejemplo; querer a las mujeres no consiste solo en desear sus cuerpos, sino en desear su liberación, con todo lo que eso conlleva. Tomando como referencia a autoras como Audre Lorde, Ward trata de articular un concepto basado en la búsqueda de la identificación con la mujer (sameness) que aboga por la escucha y comprensión de su estar-en-el-mundo. Solo así, desdibujando la barrera de la otredad, señala la autora, podrían humanizar su deseo.


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