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The Romantic Tour, Bruno Mars en Madrid: El contrato espectacular.

 RESEÑAS

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The Romantic Tour, Bruno Mars en Madrid:

El contrato espectacular.

Águeda Rodríguez

 

Una pelea digital con miles de personas en Ticketmaster, precios desorbitados, un estadio prácticamente lleno, dos telonerxs internacionales, un visual inicial sospechoso en el que el artista ora, un Bruno Mars enérgico, una banda multinstrumental y preparada para abarcar desde el pop hasta el soul y la salsa, coreografías muy poderosas visualmente, acrobacias vocales impecables y un registro amplísimo, transiciones pertinentes entre canciones para mantener la fuerza del espectáculo, interacción con el público, producción audiovisual que ambienta los distintos sets, montaje escénico con iluminación y otros efectos, artistas invitadxs, una set-list a gusto de cualquiera —aunque alguna faltó, como siempre— y una energía muy agradable en el estadio. Esta sería una crítica normativa de un concierto masivo como el que dio Bruno Mars el 10 de julio en el Estadio Riyhad Air Metropolitano. Romántico, ¿no?

Hay artistas en el panorama actual que simplemente no pueden fallar con todos los puntos expuestos en el párrafo anterior, bien porque tienen una marca que quieren conservar o simplemente porque estos mínimos son indiscutibles para artistas que hacen giras internacionales de estadios. Quizás el problema sea precisamente ese, desde que Elvis Presley —a quien Bruno Mars imitaba con tan solo 4 años— dio la primera gira de únicamente estadios de Estados Unidos en septiembre de 1957, el formato ha ido acomodándose y estancándose. Como es de esperar, distintas estrategias se han demostrado eficaces y por tanto merece la pena continuar, de hecho, normalmente no atendemos a novedades reales salvo competiciones por ver quién saca el hinchable más grande o el elemento más inesperado sobre el escenario. En este sentido, Bruno Mars escala puestos por cortar jamón en directo, aunque compite contra Ozzy Osbourne y la cabeza de murciélago, Katy Perry y Björk, ambas con múltiples motivos para entrar en esta lista. Pero no es una cuestión de excentricidad, cuando ya está todo visto y la estructura del concierto multitudinario está tan definida, parece que lo único que queda para diferenciarse es apilar sobre lo clásico elementos nuevos. Un intento kitsch fallido si se quiere.

El artista presentó un show muy cuidado, con un sentido narrativo coherente que dividía el concierto en un primer acto a cargo de lxs telonerxs, el núcleo del show protagonizado por Bruno Mars, y un tercer acto de cierre tradicional. El segundo acto, que se corresponde con la actuación del artista principal, está compuesto por tres secciones que abarcaban desde los temas del último álbum, hasta los clásicos del artista y su periodo como parte de Silk Sonic. Finalmente, cierra con un tema de éxito masivo, en este caso, Uptown Funk (junto a Mark Ronson en la versión de estudio), y el encore a modo de despedida íntima. Un formato normativo que da buenos resultados y satisface el paladar de cualquier consumidora. La gira tiene como fin promocionar el último álbum de estudio del artista, The Romantic (2026), y bajo dicha estética toma forma la propuesta audiovisual que lleva a los estadios. Si una revisa la carrera del artista, efectivamente lo romántico es un tópico muy presente y que perfectamente puede sostener un concierto de larga duración que visita distintos momentos de su producción. Aunque el álbum fue víctima de duras críticas, lo cierto es que en directo funciona estupendamente; tampoco creo que fuera una decisión banal ubicarlo en la primera sección del segundo acto. Por supuesto, hubo un breve pasaje en el que tocaba al piano algunas de sus baladas más exitosas, otra estrategia a la que atendemos con frecuencia —no sé a qué síntoma social-espectacular responde esta idea—. En definitiva, Bruno Mars es una agradable excepción al señalamiento que hacemos para evidenciar lo multidisciplinares que son nuestras artistas y lo poco que hacen nuestros artistas masculinos a la hora de montar un show. El estilo del hawaiano es más próximo al «modelo femenino», con estupenda técnica vocal, diversidad instrumental, bailes exigentes y cambios de vestuario; que al «modelo masculino». Sobre todo, su propuesta demuestra que es un músico en la industria musical, y no un producto musical de la industria.

En general, la crítica lo ha dicho y estoy completamente de acuerdo con ella, el espectáculo que propone Bruno Mars está muy bien de acuerdo con su personaje y la carrera que ha hecho hasta ahora. Sin embargo, no puede evitar sorprenderme de que todo esto ocurra en una estructura rectangular tímidamente colocada en un lateral de la pista. No podemos negar que el escenario es fundamental en toda representación musical, desde los tablados del siglo XVII hasta la Super Bowl de Bad Bunny en febrero de este año. Esto lo sabe muy bien la dramaturgia musical, pero también ha sido un tema de enorme relevancia para cualquier espectáculo musical en directo y ha cogido mucha fuerza en el panorama pop[i] y mainstream. El escenario es donde lxs artistas crean y representan, sobre todo, es el lugar en el que son vistxs. Una no puede ir a un estadio con capacidad para 70.692 personas pensando en que va a tocar la mano de su artista adorado o que va a lograr escuchar atentamente cada sonido generado por la banda. Lo más probable es que tan si quiera comprenda la mayoría de las palabras que dice la persona que sostiene el micrófono. Por tanto, es de capital importancia pensar escenarios que contrarresten las deficiencias sonoras inherentes a los espectáculos musicales que tienen lugar en recintos con tanta capacidad.

Eventos como Coachella o la Super Bowl han sido laboratorios para experimentar con esta dificultad de nuestro siglo. Los ejemplos son múltiples, especialmente en los shows de medio tiempo de la Super Bowl, pero no podemos considerarlos de la misma manera que a los escenarios de giras internacionales porque tienen la característica de ser utilizados para un único evento. Sin embargo, sí reflejan el esfuerzo por ocupar el espacio, que es el quid de la cuestión. En los tours cada vez son más comunes las plataformas móviles o las pasarelas, como hizo la icónica Tina Turner para su gira Tina!: 50th Anniversary Tour (2008-2009). Esta dispuso pasarelas suspendidas en el aire y otras estructuras que le permitían ocupar parte de la pista. Beyoncé también ha mostrado gran interés por el uso de estas y ha explotado su potencial incorporándolas en su gira The Formation World Tour (2016), donde además innovó con el diseño de pantallas. Repitió la idea en On the run II Tour (2018) junto a su marido, Jay-Z, en ella, el escenario se extendía hasta ocupar un tercio de la pista con dos pasarelas que quedaban unidas por el escenario principal y una tercera plataforma móvil al otro lado. Otra novedad fue la de Tyler, the Creator en su gira mundial Chromakopia World Tour (2025-2026), en la que incorporó un escenario B al otro lado de la pista, ocupando así ambos laterales y generando dinamismo al espectáculo. En los últimos 20 años la idea de ocupar la pista cada vez se ha extendido más. Aparte de las plataformas móviles, otros elementos como arneses —inevitablemente debemos pensar en P!nk— que permiten a las artistas volar sobre el público, son ejemplos memorables.

La forma que toma un concierto que tiene lugar en un estadio no responde a la clásica interacción entre intérprete y público que vemos en los auditorios o en salas de concierto más pequeñas. El contrato entre ambos es bien distinto: lxs artistas deben reconocer que el objetivo no es únicamente trasladar lo musical, sino crear una atmósfera artística construida con varios elementos que habrán de potenciarse lo máximo posible. Artistas como Pink Floyd o Lana del Rey han apostado por diseños creativos sin escapar a la estructura rectangular empotrada en un lateral. Siguiendo esta línea, Bruno Mars no presentó un diseño escénico fuera de lo convencional, distintos elementos aparecían y desaparecían, el escenario tenía efectos especiales como lanzallamas escénicos o pirotecnia, pero no hubo una propuesta fuerte en este sentido.

Desde aquel Elvis han pasado ya cientos de giras en estadios, ahora incluso hablamos de giras internacionales de estadios, es decir, los escenarios están específicamente pensados para estas arenas. Las plataformas y los escenarios fragmentados son útiles, pero existe otra propuesta que ha dado muy buenos resultados: el escenario 360º. A priori parece propaganda inmersiva, sin embargo, dadas las características de un estadio —pienso en las gradas con pendientes de hasta 45º o laterales que juegan una mala pasada con la visibilidad—, para optimizar la experiencia visual esta ha sido hasta ahora la mejor apuesta. Artistas como U2 (2009 - 2011), Ed Sheeran (2022 - 2025) o Billie Eilish (2024 - 2025) han optado por trasladar sus escenarios al centro de la pista. No únicamente ganan en entradas vendidas, pues pueden poner a la venta prácticamente todas las ubicaciones del estadio, sino que todas las personas del público tienen un acceso al show. Los tres incorporaron también pantallas y otros elementos como un escenario B en el caso de Billie Eilish para números de mayor intimidad; o cintas rotativas en el caso de Ed Sheeran que le permitían interactuar con el total de la pista sin perjudicar su interpretación. Aun así, el concierto de estadio no deja de ser un concierto por muy críticas que nos queramos poner, y el sonido es un elemento fundamental. La mayoría de las veces estos diseños no se utilizan porque requieren un estudio y trabajo de ingeniería mucho más complejo. La razón de ser del escenario tradicional responde a una cuestión de sonido, pues permite una mejor distribución de este al proyectar únicamente en un sentido. Mientras, el escenario 360º tiene el problema de que perdemos el control sobre el movimiento del sonido, provocando reverberaciones o pérdidas de sincronía, especialmente en frecuencias bajas.

El problema quizás resida en qué tipo de experiencia quiere proporcionar cada artista, aunque en el siglo XXI resulte inocente pensar que una sala de exposiciones solo necesita buenos cuadros y un concierto buenas canciones. Los shows de nuestra sociedad espectacular cada vez tienen más difícil equilibrar todos los elementos en juego. A veces, sacrificar uno de ellos puede significar perderlo casi todo, el concierto de Bruno Mars tenía una acústica bastante buena, pero el escenario principal no era visualmente accesible para la mayoría del público. Incluso como musicóloga, acepto que un concierto de estadio no es únicamente una experiencia musical, lo visual es fundamental y debe dialogar con el sonido. Cualquier persona involucrada en la producción de conciertos masivos suscribirá la idea de que en espacios tan grandes hay una pérdida de lo sonoro inapelable. Lo espectacular requiere de mucha tecnología, y no es nada sencillo ponerla a merced de lo estético o lo sensible. La cuestión se vuelve más oscura si pensamos en que pocas veces problemas como el expuesto perjudican a la venta de entradas, por tanto, queda confiar en el compromiso de nuestrxs artistas con su proyecto.

Bruno Mars es de esos artistas que no necesita nuevos «temazos» para poner a cantar a un estadio, en ocasiones, la emoción que todas las personas compartimos por bailar esos éxitos desde la grada súper alta con 45º de pendiente resulta en una buena experiencia. La cuestión es que es realmente difícil equilibrar o determinar cuáles son los elementos a los que se apelan al producir eventos de este tipo. En primer lugar, cabría pensar en dónde queda lo musical en los conciertos de estadio y qué se le ofrece al público cuando invierte dinero en entradas tan caras. Los modos de escucha han cambiado y el concepto de concierto tiene muchas formas y posibilidades, asumir una pérdida de lo musical no implica que dichos espectáculos pierdan valor, se puede ganar en otros elementos. En una sociedad como la nuestra, en la que lxs artistas no se atreven ni a declararse feministas, puede ser bueno pensar los conciertos masivos como un acercamiento afectivo entre artista y público. Ello no significa sacrificar completamente ni el sonido ni el visual, que mediante la tecnología podrán sostenerse, sino revisar el contrato entre audiencia y artistas espectaculares. Parecemos estar cayendo en un «realismo espectacular» o resignación completa respecto de los fenómenos musicales contemporáneos, creo que es importante reivindicar el derecho del público a ver y escuchar en un concierto, ya que parecemos aceptar los precios desorbitados, ¡qué menos!


Cómo citar este artículo: RODRÍGUEZ, ÁGUEDA. (2026). The Romantic Tour, Bruno Mars en Madrid: El contrato espectacular. - Reseña artística. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4. (RA7) ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/07/the-romantic-tour-bruno-mars-en-madrid.html



[i] Con esta categoría hago referencia a artistas de enorme éxito y con gran calado en la cultura popular, independientemente de los estilos musicales de cada unx. 


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