

Cosmismo
ruso
Ayoze
González Padilla
Instituto
de Filosofía CSIC-UMU
Podría decirse que el cosmismo ruso es un gran desconocido. Esto es debido a que, en torno a ciertas nociones como la inmortalidad tecnológica, en lengua hispana, los debates contemporáneos han ido girando alrededor del trans-posthumanismo de forma cada vez más amplia, pero en ningún momento nadie parecía tener noticias sobre el cosmismo ruso. Esto no solo es debido a cuestiones sociopolíticas, sino principalmente idiomáticas. Es por ello que en 2021 se tradujo un libro editado por Boris Groys titulado Cosmismo ruso, con el que, si estamos en lo cierto, es el primer libro en lengua hispana que trae a los autores cosmistas a nuestra lengua. Aunque, quizás sea la traducción al español de las obras del cosmista K. E. Tsiolkovsky en 2023, lo que ha propiciado que esta corriente empiece a conocerse.
El cosmismo ruso es una filosofía tecno-optimista y especulativa surgida a finales del siglo XIX y principios del XX en Rusia, que pretendía vincular a la humanidad con el cosmos. Esta corriente surge como resultado de una serie de convergencias socio-históricas de gran importancia. Cabe destacar el fracaso y limitación del cristianismo histórico; el avance de la ciencia -en especial de la física-, el avance de la tecnología, la demanda de un biopoder absoluto por parte de los pensadores rusos y -entre medio- la Revolución de Octubre, además de otros aspectos.
Una
de las tesis centrales fue el rechazo por los límites espacio-temporales del
ser humano en la Tierra y el rechazo a la fe cristiana respecto a la realidad
de ultratumba y el reino de dios. Los cosmistas creían en la resurrección de
los muertos, pero de un tipo particular, es decir, una resurrección artificial
que, si bien partía de la necesidad de inmortalidad humana individual, dicha
inmortalidad debía ser el objetivo de la sociedad y estar garantizada por toda
política estatal (Groys, 2021, pp. 9-26). Pero, a diferencia del socialismo
imperante de la época, lo que proponía Nicolái Fiódorov es su Filosofía de
la tarea común era la creación de las condiciones tecnológicas, sociales y
políticas que permitieran la resurrección por medios tecnológicos. Pero, y aquí
lo más llamativo, Fiódorov no creía en la inmortalidad del alma, sino del
cuerpo, y en este sentido, la resurrección no solo debía realizarse a los
humanos del futuro gracias al progreso tecnológico, sino que la tarea común
es un proceso de resurrección que incluye las generaciones pasadas, presentes y
futuras (Groys, 2021, pp. 9-26).
Así,
«el problema de la inmortalidad se traslada de las manos de Dios a las manos de
la sociedad o, incluso del Estado» (Groys, 2021, p. 11). De este modo, si el
socialismo y la fe en el progreso de la época prometía una sociedad perfecta,
se trataba de un privilegio del que solo iban a participar las generaciones del
futuro, quedando así las del pasado y del presente como meros damnificados del
desarrollo tecnológico. Es por ello que para los cosmistas:
El socialismo del futuro puede pretender
el título de sociedad justa solo si se fija el objetivo de resucitar por medios
artificiales a todas las generaciones que echaron los cimientos de su
prosperidad. […] El socialismo debe establecerse no solo en el espacio, sino
también en el tiempo. [..] Esto permitirá además cumplir la promesa de
fraternidad hecha, pero no cumplida, por la revolución burguesa justo con las
promesas de libertad e igualdad (Groys, 2021, p. 12).
Un
aspecto crucial en Fiódorov es lo que podríamos denominar como su «filosofía
del museo». Esto refiere a que el cosmista, para justificar ontológicamente la
inmortalidad individual del cuerpo, acude a la noción de museo para hacer una
analogía respecto a la conservación de lo corpóreo, del mismo modo que se
conserva una obra de arte, que a fin de cuentas es otro tipo de cuerpo. Para
Fiódorov, el museo tiene una existencia contradictoria debido a que contradice
el espíritu utilitario y pragmático de la época. Esto es debido a que el museo
conserva lo innecesario y perecedero del pasado, objetos sin aplicación
práctica en la vida real, no aceptando la muerte ni la destrucción de las cosas
(Groys, 2021, p. 13).
Por
consiguiente, el museo, al extender la vida de las cosas pasadas, va en contra
de la idea de progreso, que consiste en reemplazar lo viejo por lo nuevo. Esta
idea de extender la vida de las cosas, de lo corpóreo hacia la estatización o
la inmortalidad del objeto, es considerada por el cosmista como una forma útil
de comprender la inmortalidad humana, ya que, es a través de concebir el mundo
como un museo humano que el autor plantea la necesidad de llevar a cabo su
proyecto. Es por ello que para Fiódorov en el arte no hay progreso, sino
conservación y regreso. El arte es una tecnología del regreso que sirve, no a
la vida finita sino a la vida infinita e inmortal. De este modo, los humanos,
en calidad de obras de arte, deben ser levantados de entre los muertos y ser
(ex)puestos en museos para su conservación, siendo, por tanto, la tecnología
una tecnología del arte y el Estado el museo de la población (Groys, 2021,
pp.13-14.). A este respecto señala Fiódorov lo siguiente:
El museo es una colección de todo lo
caído en desuso, muerto, inepto para todo uso; pero precisamente por eso mismo
es también la esperanza del siglo, porque la existencia del museo demuestra que
no hay asuntos concluidos. Por eso el museo representa un consuelo para todo el
que sufre, porque es la instancia superior de una sociedad económico-jurídica.
Para el museo la propia muerte no es el final, sino solo un comienzo (2021, p.
56).
Algo
similar señala otro cosmista -K. E. Tsiolkovsky- cuando escribe que: «Los muertos no tienen tiempo y solo lo reciben cuando
resucitan, es decir, cuando adquieren la forma orgánica más alta de animal
consciente» (2023, p. 20). Los otros cuatro cosmistas que Boris Groys recoge en
su libro -A.
Bogdánov, V. Muraviov, A. Chizhevski y A. Svyatogot- si
bien coinciden en muchos aspectos, tampoco podría decirse que sea una filosofía
integral, ya que existen distintas propuestas que divergen entre sí.
De
entre los aspectos comunes cabe destacar, como ya se ha mencionado, la crisis
de las religiones tradicionales y el nihilismo filosófico que, a diferencia de
la filosofía europea occidental, donde tanto Nietzsche como Heidegger
respondieron arrojándose al caos del mundo, bien al contrario, los cosmistas
confiaron en habitar un cosmos ordenado a través de la razón. Una razón que
forma parte de la materia del cosmos, ya que, para los cosmistas, entre la
razón y el mundo no hay una ruptura ontológica, y en este sentido, un
pensamiento es un proceso material que emerge en forma de continuidad desde el
ser humano hacia el mundo, estando además ligado a otros procesos cósmicos. Por
consiguiente, el cerebro humano es materialmente parte del universo, pudiendo por
ello participar de forma activa en la organización del cosmos (Baña y Galliano,
2021, p. 27).
Por
tanto, el cosmismo ruso integra de manera holística y orgánica la ciencia
natural, la metafísica, el racionalismo y el misticismo. Entre sus ideas clave
se encuentran la evolución ascendente, la conexión intrínseca entre la Tierra y
el universo, la interrelación indisoluble entre el ser humano y la biosfera, la
necesidad de la expansión humana hacia el espacio y la superación de la muerte,
el caos y la entropía. Una característica particularmente distintiva de este
campo es que alberga algunas de las primeras teorías y concepciones de la
conciencia como producto del desarrollo del mundo y del pensamiento como
fenómeno planetario, que además guardan relación con las teorías cosmológicas
del valor. Muchos de estos conceptos iniciales han
sentado las bases para desarrollos posteriores en las biociencias y geociencias
modernas, así como en la astrobiología y en la formulación del concepto del
Antropoceno. En definitiva, podemos conceptualizar la idea de los cosmistas en
la siguiente afirmación que realiza uno de ellos, Alexander Svyatogor: «No se
puede seguir siendo solo espectadores, hay que ser participantes activos de la
vida cósmica» (2021, p. 129).
Cómo citar este artículo: GONZÁLEZ PADILLA, AYOZE. (2024). Cosmismo ruso. En GONZÁLEZ PADILLA, AYOZE (Ed.), Filosofía contemporánea: Las formas de la multitud (pp. 66–72). Lulaya Ediciones.
Este artículo ha sido publicado previamente en el libro Filosofía contemporánea: Las formas de la multitud (2024)
Bibliografía
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- GONZÁLEZ PADILLA, AYOZE. (2024). Filosofía
contemporánea: Las formas de la multitud. Lulaya Ediciones.




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