

Tengo una apuntadora que me lo canta casi todo. Luego soy yo quien da la impresión de estar enterado de la actualidad. No, cada vez ando más desactualizado de lo que ocurre. Me lo apunta una buena amiga que me lee y corrige y también me sugiere. Por ella supe en su día de Luis T. Bonmatí y de Catral o, más recientemente, de Ekaitz Ruiz de Vergara, a quien le han dado el Premio Nacional de Poesía Joven Grande Aguirre por un poemario espléndido: Gálata moribundo (2026). Para quienes lo ignoren, el gálata moribundo —los italianos lo conocen como galata morente— es una escultura en mármol que los romanos copiaron de otra griega hecha, al parecer, en bronce y ya desaparecida. El poemario de Ekaitz, publicado por Ya lo dijo Casimiro Parker, es una magnífica evocación grecolatina que ilumina ese presente nuestro tan distante de los clásicos que, seamos claros, casi nadie hoy lee.
Decía que mi apuntadora me lo canta casi todo. Llamémosle Teresa y démosle por apellido uno muy antiguo y castellano: Ruiz. Por cierto, Ruiz significa ‘hijo de Ruy’, que viene a ser Rodrigo y que, a su vez, significa ‘rico en gloria y dinero’. Dudo que mi apuntadora, hoy por hoy, sea rica en gloria y dinero, aunque 'apunta' una muy prometedora carrera académica. Hace un par de días, Teresa Ruiz me escribió un escueto mensaje: «Se acaba de morir Carlo Ginzburg, el de El queso y los gusanos, por si quieres escribir sobre él». A mi apuntadora le mostré y le hablé de ese libro hace un año. No tenía yo intención alguna de escribir sobre el historiador Carlo Ginzburg, impulsor de la microhistoria, porque de su muerte me he enterado de chiripa. Además, El queso y los gusanos —me lo recomendó en su día la historiadora e investigadora del CSIC Mercedes García-Arenal: narra el proceso inquisitorial contra un molinero del siglo XVI— es el único libro que he leído de él. Así que hacer un eulogio de Ginzburg aquí y ahora se me antoja inapropiado. Baste un pequeño apunte —este sí, hecho por mí—: lean la historia de Domenico Scandella, apodado Menocchio, un molinero friulano muerto en la hoguera por orden del Santo Oficio tras una vida transcurrida en absoluto anonimato.
Regresemos al principio. Dije que por mi apuntadora supe de Luis T. Bonmatí, a quien finalmente terminé conociendo un día en Alicante. No hace tanto de eso, quizás medio año. A la sazón, andaba Bonmatí ultimando la traducción de De rerum natura de Lucrecio —de quien, por cierto, el filósofo y escritor Jorge Santayana afirmó que era el verdadero «fundador» del epicureísmo—. La traducción en endecasílabos blancos la han hecho alalimón Luis T. Bonmatí y Ángel Luis Prieto de Paula. De la naturaleza de Lucrecio acaba de publicarse en una edición bilingüe de la editorial Reino de Cordelia. En su lectura y declamación ando metido. Así que no puedo decir nada sustancial hasta que la concluya, aunque por el momento confirmo que la introducción que ambos traductores —y poetas— han escrito a De la naturaleza es espléndida. Y esos endecasílabos resultan menos enrevesados que los alejandrinos de Agustín García Calvo y más «amenos» que los endecasílabos de José Marchena.
Muy probablemente, si no hubiera sido por mi apuntadora, hoy no estaría leyendo a Lucrecio. Tampoco habría conocido en persona a Bonmatí o a Prieto de Paula, lo cual demuestra que a los ignorantes, cuando nos quieren y miman, nos vienen de perlas los apuntes desde el tornavoz.
Michael Thallium
Apuntes desde el tornavoz
Cómo citar este artículo: THALLIUM, MICHAEL. (2026). Apuntes desde el tornavoz. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 4, (CV169). ISSN ed. electrónica: 2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2026/06/apuntes-desde-el-tornavoz.html




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