

La política de lo absurdo
Cuando hace algunos años se lanzaba el primer misil contra Ucrania y hace poco sucedía lo mismo contra el pueblo iraní, el mundo se quedaba atónito, porque no podían creer que nuevamente estábamos a punto de presenciar una nueva guerra, aunque en este último caso en medio oriente. Las fuerzas de ambos bandos han sabido escalar de forma muy acelerada a los ataques, lo cual está generando una serie de muertes civiles que evidentemente no se podrán recuperar y es que a los ataques se suman la cuantiosa cantidad de heridos, los cortes de energía, la restricción de los servicios básicos, pero acá viene la pregunta, ¿Quiénes son los más afectados en todo este conflicto? ¿Quién gana y quienes pierden realmente? Y pueden surgir muchas preguntas más en el camino, por lo que es necesario cuestionarse la forma en que los “políticos” están manejado las políticas del exterior.
Existen
discursos engañosos que, en vez de alimentar nuestra nutrida forma política de
ver las cosas, nos puede conllevar al error y hasta el enfrentamiento por la
defensa de un discurso mal argumentado. Sucede que en una sociedad donde se le
mantiene al ciudadano a raya con el cuestionamiento y solo se le permite pensar
de acuerdo con las nuevas tendencias, dejando de lado el pensamiento crítico, entonces
estamos alimentando a ciudadanos mudos o solo bajo una sola mirada de lo
absurdo, y más aún si esto desemboca en la defensa de lo absurdo, razón por la
cual se entra en debates férreos y hasta enfrentamientos por la defensa de un
argumento que solo saca provecho de la inocencia de las personas, quienes están limitadas a pensar lo que mandan los medios masivos de información, dejando de
lado nuestra capacidad para pensar de manera libre y alturada frente a los
acontecimientos que están latentes en nuestro entorno. No seamos el ganado,
sino personas que puedan pensar con libertad.
Hemos
sido testigos de cómo el poder de determinados líderes políticos a nublado su razón
y les ha jugado en contra. Pero, las personas no desean ver más allá de sus propias
narices, quedándose en su error y lo que es peor, persistiendo en el mismo, y
defendiendo lo indefendible. Ya Camus nos advertía sobre la tensión del deseo
humano de orden y la indiferencia irracional del mundo. Ya nadie nos puede
contar de que vivimos en un mundo bastante irracional, y lo que es peor, nos
invitan a no pensar, plantándonos a las redes sociales como medios de distracción
masiva, una especie de cortina de humo permanente. Hay que tener los pies
pegados a la realidad para evitar atropellarnos con lo absurdo de esta sociedad,
y con más razón en cuestiones políticas, porque a pesar de la inocencia con que
se presenta, puede resultar muy letal.
En
la política de lo absurdo es común normalizar los mensajes de odio de forma
subliminal, así como de desviar la atención de la ciudadanía a cosas más
banales, donde se nos pregona una supuesta forma de libertad, pero en el fondo
es una falsa libertad impuesta desde el poder, porque un pueblo que no
cuestiona, no piensa y solo se deja llevar por la chismografía, entonces está
condenada a ser parte de la manada controlada por quienes manejan los hijos conductores
de una nación; así todos nos convertimos en conejillos de indias, frutos del
experimento social donde hemos sido conducidos de la manera más inocente
posible, pero con un trasfondo que implica la renuncia de nuestra libertad y
las capacidades naturales que tenemos. Probablemente, estemos mejor sin conocer
lo que realmente es, pero en el futuro será perjudicial, porque habremos
renunciado a lo que nos hace ser lo que somos, por salir en búsqueda de lo que
no somos.
Vladimir Sosa
Sánchez
La política de lo absurdo




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